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Bad Bunny en el Super Bowl 2026: cuando el escenario estadounidense se convirtió en un manifiesto latino

  • Foto del escritor: CERES
    CERES
  • 11 feb
  • 5 Min. de lectura

Júlia Saraiva


Por primera vez en el Super Bowl, los estadounidenses necesitaron traducción para entender la presentación, y eso es histórico.


Este hecho, por sí solo, ya señala que el Super Bowl 2026 sobrepasó los límites del entretenimiento deportivo para convertirse en un evento político en el sentido más amplio del término. Lo que se vio en el descanso de la mayor vitrina mediática de Estados Unidos no fue solo un show musical, sino una construcción narrativa deliberada sobre identidad, pertenencia y poder. La presentación de Bad Bunny fue concebida como un manifiesto cultural, en el que cada elección estética, lingüística y simbólica operó como un gesto político.


A diferencia de otras actuaciones marcadas por el individualismo típico del pop estadounidense, Bad Bunny construyó un espectáculo colectivo. Al compartir el escenario con otros artistas latinos —representando distintas regiones del Caribe, América Central y América del Sur— rompió con la lógica del protagonismo aislado y reforzó la idea de un pueblo plural, diverso y transnacional. La presencia de esos artistas no fue decorativa: se trató de una afirmación explícita de que la cultura latina no es homogénea, ni periférica, sino múltiple, viva y estructuralmente integrada en la propia historia de Estados Unidos.


Este mensaje se vio amplificado por el uso masivo de símbolos visuales. Las banderas de diversos países del continente americano —y no solo de Estados Unidos— ocuparon el campo, la pantalla gigante y la coreografía. La elección no fue sutil. Al exhibir banderas de América Latina y del Caribe en un evento tradicionalmente asociado a la exaltación nacional estadounidense, la actuación disputó el significado de la palabra “América”. Bad Bunny lo dejó explícito en sus propias palabras al afirmar que América está formada por todos aquellos países allí representados. No se trató de una metáfora, sino de una redefinición política del concepto de americanidad.


En este sentido, el show desplazó el centro simbólico del Super Bowl. La América presentada allí no era solo la de Estados Unidos, sino América como continente: diversa, multilingüe y marcada por historias de colonización, migración y resistencia. Esta afirmación confronta directamente la apropiación histórica del término “americano” por el discurso estadounidense y expone el carácter excluyente de esa narrativa. El escenario del Super Bowl, por primera vez, hizo visible aquello que la política institucional insiste en ignorar.


La dimensión política de la presentación se hizo aún más evidente cuando Bad Bunny proyectó la frase: “The only thing more powerful than hate is love” (“Lo único más poderoso que el odio es el amor”). En un contexto de endurecimiento de las políticas migratorias, fortalecimiento del ICE y criminalización sistemática de inmigrantes latinoamericanos, el mensaje no podría haber sido más claro. El amor, aquí, no aparece como un concepto ingenuo, sino como un contrapunto directo al odio institucionalizado, a las políticas de exclusión y a la retórica antiinmigración que ganó centralidad en el segundo gobierno de Trump. Se trata de una respuesta simbólica a un Estado que construye su política a partir del miedo y del rechazo al otro.


La reacción de Donald Trump al espectáculo confirmó exactamente lo que la presentación denunciaba. En declaraciones públicas tras el Super Bowl, Trump afirmó que el show fue “terrible”, “una vergüenza” y que “no representaba a América”, criticando explícitamente el uso del español y diciendo que “nadie entendió nada de lo que se cantó”. Al afirmar que el Super Bowl debería “celebrar los verdaderos valores americanos” y que la actuación fue “demasiado políticamente correcta”, Trump reforzó una visión estrecha, excluyente y jerarquizada de la cultura y de la identidad nacional.


Esta postura es especialmente grave cuando proviene de un jefe de Estado. En lugar de reconocer la diversidad cultural que compone los propios Estados Unidos, Trump optó por deslegitimar a millones de ciudadanos y residentes latinos, tratando su lengua y su cultura como elementos ajenos al país. Se trata de una retórica que no solo ignora la realidad demográfica, sino que también refuerza la marginación política y social de una población central para la economía, la cultura y la historia estadounidense. La crítica de Trump no fue estética; fue ideológica.


En este contexto, la presentación de Bad Bunny puede leerse como una respuesta directa —aunque no verbal— al proyecto político trumpista. Al ocupar el mayor escenario del entretenimiento estadounidense sin traducir su lengua, al compartir espacio con otros artistas latinos, al exhibir banderas del continente y al afirmar que América va mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos, el artista confrontó la lógica del nacionalismo excluyente con una narrativa de pertenencia ampliada. No por casualidad, la reacción fue tan inmediata y agresiva.


Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, el episodio revela cómo el soft power no es monopolio de los Estados. La cultura, cuando es apropiada por actores no estatales, puede convertirse en una herramienta poderosa de contestación de la hegemonía simbólica. El Super Bowl 2026 demostró que los eventos deportivos de gran visibilidad son arenas centrales de disputa narrativa, en las que identidad, política interna y proyección internacional se entrelazan. El espectáculo se convirtió en protesta, y la protesta, en espectáculo.


Al final, lo que el Super Bowl 2026 expuso fue una contradicción fundamental de los Estados Unidos contemporáneos: un país que se presenta como plural y diverso ante el mundo, pero que internamente resiste reconocer esa pluralidad como parte legítima de su identidad. La presentación de Bad Bunny no resolvió esta contradicción, pero la dejó al descubierto ante millones de espectadores. Y, precisamente por eso, pasó a la historia no solo del entretenimiento, sino de la política cultural internacional.


“Las declaraciones aquí expresadas son responsabilidad del autor”.



Graduada en Relaciones Internacionales por UniLaSalle-RJ. Tiene investigación académica orientada a las políticas de Estados Unidos y Oriente Medio, con énfasis en la influencia de lobbies, estrategias militares y relaciones diplomáticas en la región. Asistente Comercial en la empresa Rio de Negócios, consultora de internacionalización de empresas e investigadora del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales CERES.

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Referencias bibliográficas:

EURONEWS. Donald Trump critica el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl: “una afrenta a la grandeza de América”. Euronews, 9 feb. 2026.Disponible en: https://www.euronews.com. Acceso en: feb. 2026.

THE GUARDIAN. Bad Bunny’s Super Bowl halftime show sparks debate over language, identity and America. The Guardian, 9 feb. 2026.Disponible en: https://www.theguardian.com. Acceso en: feb. 2026.

FORBES. How Bad Bunny’s Super Bowl halftime show became a political and cultural statement. Forbes, 8 feb. 2026.Disponible en: https://www.forbes.com. Acceso en: feb. 2026.

TELEMUNDO. Trump arremete contra Bad Bunny tras el Super Bowl y critica el uso del español. Telemundo, 9 feb. 2026.Disponible en: https://www.telemundo.com. Acceso en: feb. 2026.

PODER360. Bad Bunny hace fiesta latina en el Super Bowl y amplía el significado de “América”. Poder360, 9 feb. 2026.Disponible en: https://www.poder360.com.br. Acceso en: feb. 2026.

NEW YORK TIMES. A Super Bowl halftime show that forced America to listen differently. The New York Times, 10 feb. 2026.Disponible en: https://www.nytimes.com. Acceso en: feb. 2026.


Referencias académicas – soft power, cultura y política internacional

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BOURDIEU, Pierre. El poder simbólico. Río de Janeiro: Bertrand Brasil, 1989.

GRAMSCI, Antonio. Cuadernos de la Cárcel: los intelectuales y la organización de la cultura. Río de Janeiro: Civilização Brasileira, 2001.

BLACK, David; VAN DER WESTHUIZEN, Janis. The allure of global games for “semi-peripheral” polities and spaces. Third World Quarterly, v. 25, n. 7, 2004.

ROWE, David. Sport, Culture and the Media. Maidenhead: Open University Press, 2004.

CORNELISSEN, Scarlett. The geopolitics of global aspiration: sport mega-events and emerging powers. The International Journal of the History of Sport, v. 27, n. 16–18, 2010.

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