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Y ahora, ¿hacia dónde vamos? Aspectos sobre Irán a vigilar en 2023

Actualizado: 26 sept 2023

Flávia Abud Luz


Los recientes acontecimientos en Irán han provocado que los estudiosos y analistas de la política internacional estemos en constante alerta para observar los cambios que pueden desencadenarse en el propio país, en el escenario político del Golfo Pérsico, especialmente si consideramos la dinámica de las relaciones Irán-Arabia Saudí, y en el mundo, a partir del potencial del programa nuclear iraní y los intentos de contenerlo. Así pues, presentaré brevemente algunos de los aspectos que considero esenciales observar en Irán a lo largo del año 2023.


Manifestaciones, reivindicaciones y búsqueda de cambios


No es casualidad que abra el texto con la frase "Y ahora, ¿hacia dónde vamos?" en el título. La frase es también el título de una película de la cineasta libanesa Nadine Labaki, estrenada en 2012, que tiene como premisa central proponer al espectador una reflexión sobre la vida, la guerra y las posibilidades de convivencia en sociedad, a partir de la inversión de unos roles establecidos en la dinámica social de un pequeño pueblo de Líbano al que no llegan noticias ni señal de televisión. Otro punto central en la obra de Labaki es precisamente el papel que juegan las mujeres en esta invitación a la reflexión que se hace a los espectadores y en la pantalla a sus iguales que vivieron el conflicto. Son ellas los personajes que cambian la dinámica de la vida en la pequeña ciudad, cuestionan el mantenimiento de la desconfianza basada en cuestiones religiosas (en este caso el conflicto entre musulmanes y cristianos) y buscan otras formas de organización social para evitar el conflicto civil.


Y es que sacar a colación la importancia de la mujer en el desarrollo y mantenimiento de la cohesión del tejido social es algo sumamente interesante y necesario, más aún cuando estamos hablando del complejo mosaico que es Oriente Medio y el Norte de África y de todos los estereotipos que suelen asociarse a la mujer musulmana, como las nociones de pasividad y sumisión casi incuestionables, es decir, que dejan poco espacio para el debate sobre la agencia femenina, un tema muy bien desarrollado por Saba Mahmood en su investigación sobre el movimiento de resurgimiento religioso de los años setenta en Egipto.


Este punto me permite conectarle a usted, lector, con un aspecto que considero central para la sociedad iraní en sus recientes debates y medidas: el papel que las mujeres desean en la sociedad, y por el que se han movilizado durante décadas de lucha para conseguir una mayor participación en el ámbito público, en la política y también en el desarrollo y revisión de las leyes de familia.


Una serie de protestas tuvieron lugar a partir de septiembre de 2022 en ciudades como Teherán, Saqez (ciudad natal de Amini) y tuvieron como principal catalizador la muerte de la joven kurda Mahsa Amini pocos días después de ser detenida por la policía de moralidad del país acusada de no llevar el hiyab (velo islámico que cubre el cabello) de forma "correcta y adecuada". Las protestas, a diferencia de lo ocurrido en otros momentos de la historia reciente del país, como el Movimiento Verde (2009) y las manifestaciones de 2017, contaron con la participación masiva de trabajadores, estudiantes de secundaria, universitarios, mujeres y niñas, que participaron en manifestaciones que protestaban abiertamente contra la autoridad de la ya cuestionada policía de la moralidad, además de portar consignas sobre los derechos de las mujeres y la falta de libertades en el país.

La actuación de las mujeres en las protestas que se iniciaron inmediatamente después de conocerse la noticia de la muerte de Amini obtuvo gran repercusión en los medios de comunicación internacionales, que parecían observar allí algo nuevo, pero es importante utilizar este contexto para desarrollar un breve análisis del ya consistente e importante papel desempeñado por las mujeres en las manifestaciones populares desde la Revolución iraní de 1979, así como para retomar la historia de sus reivindicaciones en relación con sus derechos en el contexto del Estado teocrático.


Con la llegada de los clérigos chiíes al poder a finales de la década de 1970, un discurso conservador sobre el papel de la mujer que reclamaba su "vuelta" a la vida doméstica, considerada correcta y auténtica, tuvo como consecuencia más directa su alejamiento de algunas actividades de la esfera pública, así como de algunas profesiones, y el cuestionamiento de una serie de reformas del derecho de familia (que regulaba elementos como el matrimonio, el divorcio y la custodia de los hijos) desarrolladas bajo el gobierno de Mohamed Reza Pahlavi (1941-1979).


Las mujeres decepcionadas con el discurso oficial del gobierno revolucionario y preocupadas por los retrocesos en sus derechos adquiridos a lo largo del llamado proceso de secularización/modernización del país comenzaron a cambiar sus discursos y prácticas, desarrollando así un nuevo discurso feminista que cuestionaba las interpretaciones tradicionales de las fuentes sagradas del Islam, reivindicaba los derechos de las mujeres y posteriormente dio lugar al movimiento reformista en el país persa (MIR-HOOSSEINI, 2011). La revista iraní Zanan, creada a principios de la década de 1990, se mostró activa en cuanto a la difusión y circulación de textos y reflexiones feministas, incluso bajo la represión gubernamental.


En 2009, en medio de las protestas contra la reelección de Mahmud Ahmadineyad, las mujeres salieron a la calle en busca de cambios en diferentes aspectos de la vida cotidiana, pero sobre todo cuestionando la falta de legitimidad del gobierno reelegido.


En las protestas que tomaron las calles de ciudades como Teherán, Saqez (ciudad natal de Amini) desde septiembre de 2022 las manifestantes se enfrentaron a diversas formas de represión, castigos e incluso se confirmaron muertes, según información de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos[1]. La violencia no pudo evitar que las manifestaciones continuaran y el régimen teocrático (tras insistir en tratar las manifestaciones como una amenaza a la seguridad a través de la ya clásica narrativa del enfrentamiento contra Occidente como forma de deslegitimar las demandas de sus nacionales e insertar las protestas en una lógica que ya no se ajusta a la actualidad) tuvo que rebajar el tono de la confrontación y finalmente anunció en diciembre de 2022 la disolución de la policía de la moralidad.


Sin embargo, las primeras semanas de 2023 ya están llenas de noticias de agencias internacionales sobre una nueva oleada de represión contra las mujeres a causa del velo. Además de las multas, se prevén medidas como la privación de acceso a determinados espacios -como comercios, restaurantes e incluso el impedimento del derecho a viajar- como forma de endurecer la postura con respecto a las mujeres que no utilicen el velo o lo hagan de una forma que se considere inapropiada.


Dinámica de las relaciones Irán-Arabia Saudí


Las relaciones entre ambos países estuvieron marcadas por momentos de tensión y pragmatismo, algo que estaba relacionado con la dinámica de poder del Golfo Pérsico, principalmente a partir de la década de 1970. La estrategia desarrollada -el equilibrio de poder- tenía un carácter ofensivo, marcado por el aumento del poder relativo de los Estados en un juego de suma cero, y se basaba en tres aspectos principales, a saber: a) el triángulo formado por Arabia Saudí, Irán e Irak -países poseedores de petróleo que mantenían una relación de rivalidad basada en la búsqueda del dominio regional-; b) las acciones de los Estados peninsulares para alcanzar sus objetivos políticos internos y regionales; y c) la injerencia de actores externos, especialmente Estados Unidos.


Cuando el partido Baathsta tomó el poder en Irak por segunda vez, Irán y Arabia Saudí estrecharon sus lazos por temor a las intenciones militares del nuevo régimen iraquí. Del mismo modo, cuando se produjo la Revolución Islámica en 1979 las alianzas cambiaron y Arabia Saudí e Irak se acercaron para hacer frente a la amenaza ideológica que el chiismo revolucionario persa suponía para los regímenes baasistas y la casa de Al-Saud, ya que en ambos países las poblaciones chiíes estaban reprimidas y sometidas a regímenes que representaban poco para ellas.


Con la invasión de Irak en 2003 y la posterior inestabilidad marcada por los conflictos entre grupos religiosos en torno a la formación de un nuevo gobierno, las relaciones entre Irán y Arabia Saudí se vieron afectadas. En ese contexto, se retomó la amenaza de la expansión del chiismo "guiada por los intereses de Teherán" (BARZEGAR, 2008), ya que, según el punto de vista de las élites árabes suníes que gobernaban Estados con importantes comunidades chiíes (como Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes, Egipto), Irán utilizaría las alianzas con gobiernos chiíes ideológicamente afines para proyectar sus intereses hegemónicos en la región.


Parte de estos temores sobre tal movimiento venían dictados por aspectos geopolíticos, como la competencia por el poder en la región (poder tradicionalmente "equilibrado" entre los principales países del Golfo Pérsico) y la dominación iraní, y aspectos relacionados con la legitimación de los regímenes existentes en los países, teniendo como ejemplo la idea de seguridad del régimen que pretendía mantener el statu quo de la división del poder, evitar el acceso de determinados grupos religiosos al poder, y la cuestión de una posible guerra civil entre suníes y chiíes en la región. Además, también se temía la posibilidad de que el país persa llegara a ser capaz de dictar las políticas de seguridad y energía, así como de intervenir en las políticas internas de los gobiernos vecinos en nombre de las comunidades chiíes locales, lo que provocó presiones sobre las formas de contener a Irán.


En la actual crisis política iraní Arabia Saudí parece tener más razones para no implicarse que al revés, explico. Un aspecto importante de la narrativa saudí para garantizar la estabilidad interna y la proyección de poder en la región del Golfo ha sido precisamente la amenaza que representa el Irán chií.


Además, relacionado con el aspecto anterior está la propia percepción del régimen saudí sobre el peligro relacionado con el éxito de las manifestaciones populares a la hora de provocar la caída de gobiernos, como ocurrió al inicio de las manifestaciones de la llamada Primavera Árabe (2011) en Túnez, por ejemplo. La preocupación por mantener el statu quo, como estuvo presente en la retórica de la media luna chií y en la intervención saudí en Bahréin, especialmente al contener violentamente a la población chií de ese país, es un objetivo central para evitar un posible efecto derrame que desestabilice al régimen saudí con demandas similares de cambios sociales, económicos y políticos.


Otro aspecto que parece estar en los cálculos del poder en la región del Golfo Pérsico se refiere a la forma que adoptaría un posible nuevo gobierno en Irán, ya que las preguntas de los manifestantes durante los últimos meses de protesta han pedido no sólo más libertad, sino también elementos de reforma política y religiosa, puesto que la tradición religiosa (y su relación con el poder del Estado), el nacionalismo y la violencia que durante las últimas décadas se han ajustado para garantizar una cierta estabilidad al régimen ya no parecen tener fuerza para contener las demandas de cambio.


El peligro de una transición forzada, es decir, de un derrocamiento del régimen, estaría en la configuración de las diferentes fuerzas políticas en un nuevo gobierno, un punto que también parece observar la Unión Europea [2], por ejemplo, por la preocupación que el bloque muestra respecto a las fuerzas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (y su violenta actuación en la represión de manifestantes en los últimos meses), así como por los conflictos existentes en el país persa entre kurdos separatistas y dichas fuerzas.


Dinámica más allá del Golfo Pérsico


Dos puntos son clave aquí: la preocupación de la comunidad internacional en relación con el potencial del programa nuclear iraní y los intentos de contenerlo; y las recientes acusaciones sobre la implicación de Teherán en la guerra de Ucrania (2022-presente).


La preocupación de la comunidad internacional en relación con el potencial del programa nuclear iraní generó una serie de debates y negociaciones para la elaboración de un acuerdo en el que Teherán demostrara un compromiso en relación con el carácter bélico de su programa nuclear, evitando conflictos con otros países de la macrorregión de Oriente Medio, especialmente Israel y Arabia Saudí.


En 2015 se firmó un acuerdo con las potencias -como Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, China y Rusia- y el Organismo Internacional de Energía Atómica, el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), que imponía restricciones que impedían la producción de armas nucleares y eliminaba como garantía algunas sanciones internacionales en ámbitos como las finanzas y el comercio. Aunque algunas de las cláusulas tenían un plazo determinado, como la de diez años que limitaba la posesión de uranio enriquecido, otras eran garantías de que el país debía restringir sus conocimientos y tecnología a usos médicos e industriales, fines que se consideran civiles.


En 2018 Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, se retiró del acuerdo y con el restablecimiento de las sanciones en las áreas de finanzas y energía. Teherán dejó de seguir algunos de los términos del acuerdo, principalmente aumentando sus reservas de uranio y enriqueciéndolo en mayores concentraciones desde 2019.


El factor más reciente de inestabilidad relacionado con Irán son las acusaciones de una implicación material en la guerra de Ucrania (2022-actualidad). Tales acusaciones dan cuenta de un acercamiento entre Rusia e Irán, basado en un apoyo material de Teherán a Rusia con el envío de material bélico/militar, como drones, que habrían sido utilizados en diversos momentos contra Ucrania. No es nuevo que Rusia, Irán y China figuren en la lista de países que son objeto de algún tipo de sanciones internacionales por cuestiones como la violación de los derechos humanos, y que tratan de equilibrar la influencia de Estados Unidos en Oriente Medio y Asia.


Sin embargo, es importante destacar que la relación entre Rusia e Irán también está presente en otro tablero de importancia estratégica en la subregión de Levante: Siria. Por diferentes razones, que implican percepciones de intereses nacionales, ambos países tienen un papel pragmático en el conflicto civil sirio: Rusia tiene entre sus intereses más directos el desafío al poder estadounidense en la región, evitando una intervención que pudiera derrocar un régimen en un país donde Moscú mantiene el puerto de Tartus como esencial para su influencia en el mar Mediterráneo. Además de esto, otro elemento económico importante fue el comercio de armas para el gobierno sirio. En cuanto a Irán, el apoyo parece ser más ideológico, basado en la idea de mantener un régimen al que entiende como aliado desde hace décadas, principalmente por los conflictos con otros países (como la guerra Irán-Irak entre 1980 y 1988) que llevaron a Siria e Irán a estrechar lazos.


A lo largo del texto he tratado de destacar brevemente algunos de los aspectos que considero esenciales observar en Irán a lo largo del año 2023, teniendo en cuenta sus posibles consecuencias. Todavía estamos en febrero y deberían producirse varios movimientos en este país clave para diversos aspectos de la política de Oriente Medio y el Norte de África. Será importante observar cómo afrontan las manifestantes las nuevas restricciones y multas relacionadas con la represión de la no observancia del velo; así como la postura del gobierno teocrático ante las críticas por violaciones de los derechos humanos. Las piezas siguen moviéndose en el tablero de la política internacional.



Flávia Abud Luz


Doctoranda en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Federal del ABC (UFABC). Máster en Ciencias Religiosas por la Universidad Presbiteriana Mackenzie (UPM), tiene una especialización en Política y Relaciones Internacionales por la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP) y una licenciatura en Relaciones Internacionales por la Fundación Armando Álvares Penteado (2014). Miembro fundador de NEMRI - Núcleo de Estudos Multidisciplinar de Relações Internacionais posterior CERES. Autora del libro: La apropiación de los conceptos de martirio y yihad por Hezbolá y la cuestión de la violencia como resistencia.


Referencias Bibliográficas


BARZEGAR, Kayhan. Iran and The Shiite Crescent; Myths and Realities. The Brown Journal of World Affairs, vol XV, Issue I, 2008, pp.87-99.


MAHMOOD, Saba. Politics of Piety: the Islamic revival and the feminist subject. Princeton University Press, 2012.


MIR-HOSSEINI, Ziba. Beyond ‘Islam’ vs ‘Feminism. IDS Bulletin, vol.42, n1, Brigthon, England,p.67-76, 2011.


[1]https://www.cnnbrasil.com.br/internacional/situacao-do-ira-e-critica-com-mais-de-300-mortos-incluindo-criancas-diz-chefe-da-onu/ [2]https://www.europarl.europa.eu/news/en/press-room/20230113IPR66652/parliament-calls-for-more-sanctions-against-iranian-regime

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