¿Democracia sin Democracia? Erosión Institucional, Polarización y la Muerte del Diálogo en el Siglo XXI
- CERES

- 30 abr
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Wesley Sá Teles Guerra
Resumen
La democracia liberal ha sido ampliamente considerada el sistema político más eficaz para la mediación de intereses divergentes en sociedades complejas. Sin embargo, transformaciones recientes —como la intensificación de la polarización política, la fragmentación del espacio público digital y el ascenso de liderazgos con tendencias iliberales y conservadoras— han puesto en cuestión sus fundamentos normativos. Este artículo analiza el proceso de erosión interna de las democracias contemporáneas, argumentando que el debilitamiento del diálogo político y la deslegitimación del adversario constituyen amenazas centrales para su sostenibilidad. Con base en autores como Levitsky y Ziblatt, Habermas y Mouffe, se sostiene que la crisis actual no es solo institucional, sino sobre todo cultural y discursiva.
Introducción
La célebre afirmación de Winston Churchill, según la cual “la democracia es el peor de los sistemas políticos, exceptuando todos los demás”, sintetiza el consenso normativo que marcó gran parte del siglo XX. No obstante, dicho consenso se sustentaba en un conjunto de supuestos frecuentemente ignorados: la existencia de instituciones sólidas, la aceptación de las reglas del juego y, sobre todo, el reconocimiento mutuo entre adversarios políticos.En las últimas décadas, estos supuestos han sido progresivamente erosionados. Aunque persisten elecciones regulares y estructuras institucionales formales, se observa un deterioro significativo en la calidad del debate democrático. La política deja de concebirse como un espacio de deliberación para transformarse en un terreno de antagonismo existencial.
Democracia, pluralismo y conflicto: fundamentos teóricos
La democracia moderna se basa en la articulación entre pluralismo y conflicto regulado. Para Jürgen Habermas (1996), la legitimidad democrática emerge de la deliberación racional en espacios públicos inclusivos, donde los actores reconocen la validez de los argumentos independientemente de su posición de poder. En este sentido, el diálogo no es un elemento accesorio, sino constitutivo de la propia democracia.Por otro lado, Chantal Mouffe (2005) propone una lectura agonística de la política, en la que el conflicto es inherente e inevitable. No obstante, distingue claramente entre “antagonismo” (relación entre enemigos) y “agonismo” (relación entre adversarios). Una democracia saludable presupone la transformación del antagonismo en agonismo, es decir, la aceptación del otro como legítimo, incluso en la divergencia.Cuando esta distinción se pierde, el sistema democrático entra en riesgo. Situaciones como las ocurridas en Brasil durante las elecciones de 2018 —cuando el entonces candidato Jair Messias Bolsonaro hablaba de “ametrallar” a los petistas— reflejan precisamente lo que no debería existir dentro de una democracia.
Erosión democrática y captura institucional
Levitsky y Ziblatt (2018) demuestran que las democracias contemporáneas rara vez colapsan mediante golpes abruptos. En su lugar, experimentan procesos graduales de erosión institucional, frecuentemente impulsados por líderes elegidos democráticamente. Estos procesos incluyen la deslegitimación de la oposición, el debilitamiento de los mecanismos de control y equilibrio, y la instrumentalización de las instituciones.En este contexto, el concepto de “autoritarismo competitivo” (Levitsky & Way, 2010) resulta particularmente relevante. Se trata de regímenes que mantienen formalmente instituciones democráticas, pero en los que la competencia política es profundamente desigual. Donald Trump, Viktor Orbán, Vladimir Putin, Erdoğan, Zelensky, Milei, entre otros, son ejemplos de esta tendencia. La referencia de Mario Vargas Llosa a la “dictadura perfecta” ilustra precisamente este tipo de configuración: existen elecciones, pero la alternancia real en el poder es limitada. La actualidad revela tendencias similares en distintos contextos nacionales, aunque con especificidades propias. El problema central no reside únicamente en la existencia de liderazgos con inclinaciones autoritarias, sino en su capacidad de reconfigurar el sistema político desde dentro.
Polarización, redes sociales y fragmentación del espacio público
La transformación digital ha introducido nuevos desafíos para la democracia. Según Sunstein (2017), las plataformas digitales favorecen la formación de “cámaras de eco”, en las que los individuos están expuestos predominantemente a contenidos que refuerzan sus propias creencias. Este fenómeno intensifica la polarización y reduce la disposición al compromiso.Pariser (2011) ya había advertido sobre los efectos de los algoritmos en la creación de “burbujas de filtro”, limitando el acceso a perspectivas divergentes. Como resultado, el espacio público se fragmenta en múltiples esferas aisladas, dificultando la construcción de consensos mínimos.Este entorno favorece la emergencia de discursos populistas y simplificadores, frecuentemente basados en la dicotomía “nosotros versus ellos”. Como argumenta Mudde (2004), el populismo construye una narrativa moralizada de la política, en la que el “pueblo puro” se opone a una “élite corrupta” y a “otros” considerados amenazantes.
Personalización del poder y crisis de la representación
Otro elemento central de la crisis contemporánea es la creciente personalización de la política. Los líderes carismáticos tienden a concentrar el poder y a debilitar a los partidos como mediadores institucionales. Este fenómeno está asociado a una lógica de gobernanza orientada a la base electoral, en detrimento del interés general. Brasil surge en este contexto como un ejemplo claro, ya que una parte de la población parece dispuesta a apoyar a Flávio Bolsonaro principalmente como heredero del populismo de su padre, pese a la falta de resultados concretos o de un programa de gobierno integral que contemple al conjunto de la ciudadanía, limitándose a reproducir aquello que sus seguidores desean escuchar.Por su parte, Rosanvallon (2008) sostiene que las democracias modernas enfrentan una crisis de representación marcada por una desconfianza generalizada en las instituciones. En este contexto, los líderes buscan legitimarse mediante una relación directa con “el pueblo”, eludiendo los mecanismos tradicionales de mediación.El resultado es una transformación de la lógica democrática: en lugar de gobernar para la totalidad de la población, muchos dirigentes pasan a privilegiar segmentos específicos, profundizando las divisiones sociales y políticas.
Conclusión
La democracia contemporánea enfrenta un paradoja fundamental: mantiene sus formas institucionales, pero ve progresivamente vaciado su contenido normativo. El debilitamiento del diálogo, la deslegitimación del adversario y la instrumentalización de las instituciones configuran un escenario de erosión interna que no puede ser ignorado.Más que una crisis institucional, se trata de una crisis cultural. La supervivencia de la democracia depende no solo de reglas formales, sino de una cultura política basada en el respeto mutuo, la moderación y la disposición al compromiso.Si estos elementos desaparecen, la democracia corre el riesgo de convertirse en una mera fachada: un sistema que conserva sus rituales, pero pierde su esencia. Esto permite que discursos como los de Donald Trump se perpetúen, o que candidatos como André Ventura (Portugal) o Santiago Abascal (España) sigan ganando espacio y normalización entre sectores de la ciudadanía, profundizando divisiones y debilitando la democracia. Ello puede también ayudar a explicar la fascinación que algunos de estos líderes muestran hacia las dictaduras que existieron en sus respectivos países.
El discurso del ódio no puede sustituir al diálogo político.
Wesley S.T Guerra
Bibliografía
Habermas, J. (1996). Between Facts and Norms: Contributions to a Discourse Theory of Law and Democracy. Cambridge: MIT Press.
Levitsky, S., & Way, L. (2010). Competitive Authoritarianism: Hybrid Regimes after the Cold War. Cambridge: Cambridge University Press.
Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). How Democracies Die. New York: Crown.
Mouffe, C. (2005). On the Political. London: Routledge.
Mudde, C. (2004). “The Populist Zeitgeist”. Government and Opposition, 39(4), 541–563.
Pariser, E. (2011). The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You. New York: Penguin Press.
Rosanvallon, P. (2008). Counter-Democracy: Politics in an Age of Distrust. Cambridge: Cambridge University Press.
Sunstein, C. R. (2017): Divided Democracy in the Age of Social Media. Princeton: Princeton University Press.

Wesley Sá Teles Guerra es profesor, escritor y especialista en cooperación internacional y paradiplomacia, con formación académica en instituciones de reconocido prestigio internacional. Trabaja como gestor del Fondo de Cooperación Triangular entre Europa, América Latina y África en la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), en Madrid, y es fundador del Centro de Estudios de las Relaciones Internacionales (CERES) en Brasil.
A lo largo de su trayectoria académica, ha estudiado en instituciones como el CPE de Barcelona (Negociaciones Internacionales), la FESPSP (Relaciones Internacionales y Ciencia Política), la Universidad de A Coruña – UDC (Máster en Políticas Sociales y Migraciones), el Massachusetts Institute of Business – MIB (MBA en Marketing Internacional), la Universidad de Andorra (Máster en Smart Cities), la UNIA (Gestión de Proyectos Europeos) y actualmente es doctorando en Sociología en la UNED (España).
Es autor de los libros Cadernos de Paradiplomacia, Paradiplomacy Reviews y Manual de Supervivencia de las Relaciones Internacionales. Participa regularmente en foros internacionales sobre ciudades inteligentes, gobernanza global y paradiplomacia, y ha sido también comentarista invitado en la emisora CBN Recife y finalista del Premio ABANCA de Investigación Académica.
Asimismo, forma parte de redes y plataformas internacionales como CEDEPEM, ECP, Smart Cities Council y REPIT, donde desarrolla una activa colaboración en proyectos y debates sobre innovación institucional y relaciones internacionales.





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