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¿Qué esperar de la alianza India-UE?

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    CERES
  • hace 37 minutos
  • 4 Min. de lectura

El anuncio del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y la India, sellado en enero de 2026, fue recibido con la pompa reservada a los grandes hitos civilizatorios. Apodado por el primer ministro Narendra Modi como la “madre de todos los acuerdos”, el pacto dibuja una zona de libre comercio que une al mayor bloque comercial del mundo con la nación más poblada del planeta. Juntos representan 2 mil millones de consumidores y el 25% del PIB mundial. Sin embargo, detrás de la retórica optimista y los apretones de manos en Nueva Delhi se esconde una apuesta de alto riesgo que puede redefinir, para bien o para mal, el futuro económico de Europa.


El fin de las barreras y el riesgo geopolítico

Para la industria europea, especialmente la alemana, el tratado puede verse de forma positiva. Tras dos décadas de negociaciones prolongadas, la India finalmente cedió en sectores históricamente protegidos.


Sector automotriz: los aranceles que antes alcanzaban el 110% caerán gradualmente hasta el 10%.


Bienes de lujo y consumo: vinos, chocolates y pastas europeas tendrán ahora un camino libre hacia la creciente clase media india, con reducciones arancelarias que alcanzan los 130 puntos porcentuales.


La estrategia detrás de esta apertura es lo que el mercado llama friendshoring. En la práctica, el friendshoring es el redireccionamiento de las cadenas de suministro hacia países considerados aliados políticos e ideológicos. A diferencia del antiguo offshoring, centrado solo en el costo, esta modalidad prioriza la seguridad nacional y la estabilidad diplomática, buscando evitar que insumos críticos queden rehén de regímenes en conflicto directo con los intereses del bloque. En un contexto de guerra arancelaria con los Estados Unidos de Donald Trump y de una peligrosa dependencia de China, la India se presenta como un hub de producción con costos significativamente menores, pero con una fachada democrática que agrada a los inversores europeos.


El punto más sensible del acuerdo, sin embargo, reside en la geopolítica. Existe una creencia latente en Bruselas de que el fortalecimiento de los lazos comerciales dará lugar a una alineación automática de la India contra el eje Moscú-Pekín. Esta es, quizá, la mayor ilusión del acuerdo.


Narendra Modi no gobierna para ser un aliado subordinado de Occidente. Su ideología está guiada por el nacionalismo y la “multilateralidad”. La India que ahora abre sus puertas a la tecnología europea es la misma que actúa como uno de los principales compradores de petróleo ruso (hasta el momento) y mantiene inversiones cruzadas con China. Para el gobierno indio, el acuerdo puede verse como un instrumento para acumular capital y tecnología con el fin de convertirse en una hiperpotencia independiente. Europa corre el riesgo de financiar la emergencia de un gigante que pronto no tendrá ningún compromiso con los intereses estratégicos europeos.


Desindustrialización europea

Mientras el sector de alta tecnología y lujo del norte de Europa celebra, el sur y el este del continente observan el tratado con desconfianza. Con salarios en la industria india que son, en promedio, seis veces inferiores a los chinos y veintiocho veces menores que los alemanes, el riesgo de una nueva ola de desindustrialización europea es real. El sector textil de Italia y Portugal, así como la industria de medicamentos genéricos, pueden verse devastados por una avalancha de productos indios que, paradójicamente, utilizan insumos chinos baratos.


Esta disparidad toca un punto neurálgico: la fragmentación política de la propia UE. El acuerdo tiende a cristalizar una división en la que el sector de alta tecnología se consolida, mientras que aquellos que aún dependen de la manufactura tradicional quedan expuestos a una competencia imbatible. Al final del día, el pacto puede terminar beneficiando a una élite industrial alemana mientras erosiona la base productiva de las naciones europeas menos competitivas, agravando las tensiones internas del bloque. Además, al abrir el mercado ahora para ganar oxígeno en el sector automotriz, Europa puede estar entregando el know-how necesario para que la India sustituya las importaciones europeas por producción nacional propia en menos de una década.


El desafío económico

El acuerdo India-UE es, indudablemente, un paso histórico y necesario para la resiliencia de las cadenas de suministro globales en un siglo marcado por rupturas. En medio del agotamiento del modelo de interdependencia total con China y de la imprevisibilidad de las directrices de Washington, el pacto ofrece una alternativa viable al duopolio hegemónico China-EE. UU., abriendo las compuertas de mercados que permanecieron cerrados durante generaciones bajo el cerrojo del proteccionismo de Nueva Delhi.


Sin embargo, si Europa se limita a reeditar la vieja receta de exportar bienes de lujo y tecnología de punta a una élite emergente mientras importa productos manufacturados de bajo valor y alta intensidad de mano de obra, no habrá diversificado sus socios, sino que simplemente habrá externalizado su propia vulnerabilidad. Al hacerlo, la UE no estará construyendo un aliado, sino, como se mencionó anteriormente, alimentando las bases de un nuevo competidor hegemónico que, en menos de dos décadas, podrá utilizar el propio capital europeo para expulsar a las industrias del continente de sus nichos históricos.


El verdadero éxito de este tratado no vendrá de la burocracia de las cuotas aduaneras ni de la contabilidad inmediata del superávit comercial, sino del coraje para promover una innovación tecnológica radical y una protección inteligente de los sectores estratégicos. Es imperativo que la UE entienda que, en el tablero del siglo XXI, el libre comercio no es un fin en sí mismo, sino una herramienta de poder. Sin mecanismos que garanticen una reciprocidad real e impidan el dumping social y ambiental, la “madre de todos los acuerdos” corre el riesgo de ser recordada solo como algo tardío y frágil. Europa está ante un desafío.


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João Pedro do Nascimento

Licenciado en Relaciones Internacionales, con posgrado en Políticas Públicas. Se desempeña como editor jefe de un sitio especializado en análisis internacionales y cuenta con experiencia en traducción, mediación de negocios y cooperación internacional. Fluido en inglés y español, ya ha colaborado con empresas y organizaciones en contextos multilingües y multiculturales.

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