top of page

El ascenso de la extrema derecha y la erosión democrática

hace 5 horas
5 min de lectura

Luis Augusto Medeiros Rutledge


El escenario político internacional atraviesa un retroceso que ya no puede interpretarse simplemente como una oscilación electoral entre izquierda y derecha. En diferentes democracias, se observa el fortalecimiento de movimientos nacionalistas, populistas y, en la mayoría de los casos, de extrema derecha, capaces de transformar la insatisfacción social, la inseguridad económica, la inmigración, la identidad nacional y la desconfianza en las instituciones en una poderosa fuerza electoral.


Es importante establecer desde el principio una distinción fundamental. Conservadurismo, liberalismo económico, derecha democrática, nacionalismo, populismo radical y extrema derecha no son conceptos equivalentes. Una democracia saludable presupone la alternancia en el poder y admite legítimamente gobiernos de derecha, centro o izquierda. El problema comienza cuando la competencia electoral pasa a estar acompañada por el cuestionamiento de las reglas democráticas, la deslegitimación sistemática de las instituciones, la intolerancia política, los ataques a la prensa, la transformación de las minorías en enemigos internos o el intento de concentrar el poder. Es precisamente en este punto donde el fenómeno contemporáneo merece atención.


La ola de extrema derecha ya comienza a bañar a la Unión Europea. Las recientes turbulencias políticas alemanas representan apenas una etapa de una disputa mucho mayor por el futuro de la democracia liberal europea. En los próximos ciclos electorales, los países centrales del continente pondrán a prueba la capacidad de las fuerzas nacionalistas y populistas para transformar un apoyo electoral creciente en poder político permanente.

El aspecto más importante quizá no sea simplemente cuántos gobiernos conseguirán conquistar estas fuerzas. Es el hecho de que los partidos situados en los extremos pueden modificar el propio centro de gravedad del debate político, llevando a los partidos tradicionales a incorporar temas, lenguajes y propuestas que anteriormente estaban restringidos a los márgenes del sistema.


El análisis del continente europeo exige prestar atención a diversas variables. Los europeos afrontan simultáneamente problemas económicos, demográficos, migratorios, militares e identitarios.


La guerra sin fin de Ucrania, las sanciones de la Unión Europea contra Rusia, los costes y la crisis energética, la inmigración, el estancamiento de la economía alemana y la relación cada vez más compleja con Estados Unidos alimentan una sensación de inseguridad.


En Alemania, el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) se ha convertido en una de las expresiones más evidentes de esta transformación. El fenómeno es particularmente simbólico porque ocurre precisamente en el país cuya arquitectura política de posguerra fue construida sobre mecanismos destinados a impedir el retorno del extremismo que destruyó la República de Weimar. Por ahora, Francia, Italia, España, Portugal, Polonia y otros países presentan manifestaciones menos tímidas de este fenómeno político, pero no por ello menos preocupantes.


En Francia, el crecimiento de Reagrupación Nacional ha alterado profundamente la estructura de la competencia política. En Italia, el gobierno de Giorgia Meloni demuestra otra posibilidad: movimientos procedentes de la derecha radical pueden llegar al gobierno y, una vez institucionalizados, combinar moderación en determinadas áreas con endurecimiento en otras.


El problema no comienza necesariamente con un golpe de Estado. Existe una concepción equivocada según la cual las democracias desaparecen mediante una intervención militar, el cierre inmediato del Parlamento y la suspensión abrupta de la Constitución. La historia contemporánea muestra una realidad más compleja.


Los procesos recientes de retroceso democrático han sido conducidos, en gran medida, por gobiernos democráticamente elegidos que explotan vulnerabilidades legales y constitucionales para debilitar los controles sobre el Ejecutivo y reducir las condiciones necesarias para una competencia política verdaderamente libre.


Por lo tanto, la erosión democrática comienza en las urnas. Esto no implica que votar por partidos conservadores equivalga a votar contra la democracia. Tal conclusión sería equivocada y políticamente contraproducente. Significa simplemente que la legitimidad electoral no puede utilizarse como argumento para justificar cualquier ejercicio del poder.


Podemos analizar el retroceso democrático desde diversas perspectivas. Una parte significativa de las sociedades occidentales ha atravesado décadas marcadas por la globalización, la desindustrialización de determinadas regiones, el aumento del coste de la vivienda, la precarización de segmentos del mercado laboral, la aceleración de la transformación tecnológica y una creciente percepción de distanciamiento entre los ciudadanos y las élites políticas. Además, el incremento de la inmigración ha añadido una dimensión cultural al problema económico.


Para determinados grupos sociales, especialmente aquellos que perciben una pérdida de estatus económico o cultural, la transformación demográfica puede interpretarse no simplemente como un cambio social, sino como una amenaza a la identidad nacional. Los movimientos de extrema derecha han percibido este malestar y se han aprovechado de él para presentarse como las voces de los descontentos sociales.


Como si esto no fuera suficiente, la revolución digital se ha convertido en un canal directo para los conservadores extremistas. Las redes sociales han reducido la intermediación ejercida históricamente por los periódicos, los partidos políticos, las universidades y otras instituciones. Esto ha democratizado la comunicación, pero también ha creado ecosistemas capaces de recompensar la indignación, el miedo, la simplificación y las teorías conspirativas. El adversario político deja entonces de ser alguien que posee una interpretación diferente de la sociedad. Se transforma en un enemigo.


La pregunta inevitable es si estamos asistiendo a una repetición de la Europa de las décadas de 1930 y 1940. La comparación debe realizarse con extrema cautela. La Europa contemporánea no es la Europa de 1933. Las condiciones económicas, militares, institucionales e internacionales son profundamente diferentes. La Unión Europea, la OTAN, los tribunales constitucionales, las sociedades civiles organizadas y décadas de consolidación democrática han creado barreras inexistentes o mucho más frágiles durante aquel período.


Sin embargo, no sería incorrecto identificar en las actuales fuerzas de extrema derecha referencias al nazismo o al fascismo histórico. El nazismo y el fascismo demostraron algo que continúa siendo válido: las instituciones democráticas pueden ser utilizadas por movimientos que, después de alcanzar posiciones de poder, procuran debilitar los mecanismos que limitan ese mismo poder.


Adolf Hitler no conquistó el poder simplemente mediante unas elecciones que le concedieran una mayoría absoluta; su ascenso fue el resultado de una combinación mucho más compleja de éxito electoral, crisis institucional, violencia política, decisiones de las élites conservadoras y posterior destrucción acelerada de las instituciones democráticas.


En Italia, Mussolini también combinó movilización política, violencia y posterior institucionalización autoritaria.


Portugal siguió una trayectoria histórica diferente, y el Estado Novo no puede reducirse a la idea de una dictadura simplemente producida mediante el voto popular.


Por lo tanto, la lección histórica más precisa no consiste en afirmar que las dictaduras comienzan con el voto. Es más profunda: el voto, por sí solo, no inmuniza a una sociedad contra el autoritarismo.


Precisamente por ello, el resultado electoral brasileño de octubre de 2026 debe ser analizado con serenidad y profundidad. La primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, demostró una fuerza muy significativa del campo político de extrema derecha.


Sería intelectualmente insuficiente explicar este fenómeno simplemente afirmando que casi la mitad del electorado brasileño se ha convertido en extremista. La pregunta políticamente más relevante es otra. ¿Por qué una parte tan significativa de la sociedad brasileña decidió nuevamente entregar su voto a este campo político?


Brasil posee su propia memoria autoritaria. El país vivió bajo una dictadura militar entre 1964 y 1985 y construyó, a partir de la Constitución de 1988, una arquitectura democrática que no puede considerarse irreversible. La experiencia internacional demuestra precisamente que ninguna democracia debe considerarse definitivamente protegida.


El escenario internacional actual nos está indicando que no estamos ante un fenómeno exclusivamente europeo, brasileño o latinoamericano. Estamos ante una transformación global.


La lección que parece que pocos han entendido es que ninguna democracia sobrevive simplemente porque celebra elecciones. Sobrevive cuando los vencedores aceptan límites, los derrotados aceptan resultados legítimos, las instituciones permanecen independientes, las minorías conservan sus derechos y los ciudadanos continúan reconociendo a sus adversarios como integrantes legítimos de la misma comunidad política.


Por ello, el ascenso contemporáneo de la extrema derecha merece atención. Y también por ello el resultado brasileño de 2026 no debe ser tratado simplemente como una alternancia electoral más. El fenómeno necesita ser comprendido.


Por lo tanto, la referencia y la experiencia histórica de Alemania, Italia, Portugal, América Latina y de diferentes regímenes autoritarios ofrecen una advertencia permanente: la existencia de elecciones es una condición necesaria, pero no suficiente, para la existencia de la democracia.

Comentarios


NUESTRO CORREO ELECTRÓNICO

NUESTROS HORARIOS

De lunes a sábado, de 09:00 a 19:00.

¡VUELVA SIEMPRE!

NUESTROS SERVICIOS

¡Sigue nuestras redes sociales!

  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
  • Instagram

¡CERES es una plataforma para la democratización de las Relaciones Internacionales donde siempre eres bienvenido!

- Artículos

- Estudios de mercado

- Investigaciones

- Consultoría en Relaciones Internacionales

- Evaluación comparativa

- Charlas y cursos.

- Publicaciones

© 2021 Centro de Estudios de Relaciones Internacionales | CERESRI . Images by Canvas Free Edition

bottom of page