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El duelo de los corredores de gas africanos: un indicador de las reestructuraciones geopolíticas euroafricanas

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    CERES
  • hace 3 horas
  • 8 min de lectura

Marco Alves


Rivalidad estratégica entre Argelia y Marruecos en torno al futuro energético del continente (2026-2040)


El relanzamiento del proyecto del Gasoducto Transahariano (TSGP, por sus siglas en inglés) en 2026 marca uno de los desarrollos geoeconómicos más significativos del continente africano desde la puesta en marcha de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA/ZLECAf). Durante mucho tiempo considerado inviable debido a los desafíos de seguridad en el Sahel, el proyecto se beneficia hoy de un contexto estratégico profundamente transformado: la crisis energética europea derivada de la guerra en Ucrania, la reconfiguración de los equilibrios políticos en el Sahel, la afirmación de nuevas potencias regionales y la intensificación de la competencia global por el acceso a los recursos energéticos.


Por su parte, el Gasoducto Nigeria-Marruecos (NMGP, por sus siglas en inglés), impulsado por Marruecos, representa una visión alternativa de la integración energética africana. Más largo, más costoso, pero también más inclusivo, se inserta en la estrategia marroquí de proyección hacia África Occidental y de consolidación de su papel como puente entre Europa y África.


Lo que está en juego va mucho más allá del transporte del gas nigeriano. Estas dos infraestructuras encarnan dos visiones competidoras de la organización geoeconómica del continente africano, dos modelos de integración regional y dos concepciones del liderazgo continental. También forman parte de la nueva competencia mundial por garantizar el suministro energético, en la que Europa busca reducir su dependencia de Rusia, mientras las potencias emergentes multiplican sus inversiones en África.


El vencedor de esta competencia no controlará únicamente un corredor energético. Podrá moldear de forma duradera las relaciones de poder entre el Magreb, el Sahel y Europa durante las próximas décadas.


I. Nigeria: el epicentro del gas en África


Cualquier análisis de los proyectos TSGP y NMGP debe comenzar con una constatación fundamental: Nigeria constituye actualmente la principal reserva de gas del continente africano.


Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Nigeria posee reservas probadas superiores a los 200 billones de pies cúbicos, equivalentes a aproximadamente 5,7 billones de metros cúbicos. Estas reservas superan a las de Argelia y representan cerca de un tercio de los recursos gasíferos conocidos del continente.


Sin embargo, este potencial continúa estando ampliamente subutilizado. El país sigue quemando una parte significativa del gas asociado a la producción petrolera y continúa enfrentando deficiencias crónicas de infraestructura. El consumo doméstico crece rápidamente debido al aumento demográfico y la urbanización, pero las capacidades de exportación siguen siendo insuficientes en relación con el potencial disponible.


En este contexto, los gasoductos aparecen como una herramienta estratégica de gran importancia. Permitirían no solo valorizar mejor los recursos nigerianos, sino también reforzar la influencia geopolítica de Abuya en el continente.


Nigeria se encuentra así en una posición comparable a la de ciertos Estados del Golfo: rica en recursos, pero dependiente de corredores de exportación cuyo control constituye un desafío de poder.


II. Dos visiones competidoras de la integración energética africana


El debate entre el TSGP y el NMGP no se limita a una comparación técnica entre dos infraestructuras.


En realidad, enfrenta dos concepciones del desarrollo continental.


El enfoque argelino privilegia la lógica de un corredor estratégico directo. El TSGP pretende establecer una conexión rápida entre las reservas nigerianas y las infraestructuras europeas ya existentes. Esta visión se basa en la idea de que la prioridad consiste en responder a la demanda internacional, al tiempo que se refuerza la interconexión entre el Sahel y el Norte de África.


El enfoque marroquí es diferente. El NMGP fue concebido como una herramienta de integración regional. Su trazado está destinado a abastecer a varios países de África Occidental y contribuir a su electrificación, industrialización y desarrollo económico. El proyecto trasciende así la mera lógica de exportación hacia Europa.


Esta diferencia de filosofía explica en gran medida la naturaleza de la competencia actual.


III. La transformación geopolítica del Sahel: un factor decisivo


Durante casi dos décadas, el principal obstáculo para el TSGP fue la percepción del riesgo en el Sahel.


Las sucesivas crisis en Malí, Níger y Burkina Faso convencieron a numerosos inversores internacionales de que el corredor transahariano era demasiado arriesgado.


Sin embargo, desde 2023 se ha producido un cambio significativo.


La ruptura progresiva entre varios Estados del Sahel y sus socios occidentales tradicionales ha conducido a una profunda reconfiguración de las alianzas regionales. La creación de la Alianza de Estados del Sahel (AES), integrada por Malí, Níger y Burkina Faso, abrió una nueva etapa geopolítica.


Para Argel, esta evolución representa una oportunidad estratégica excepcional. Argelia ha mantenido durante mucho tiempo una política activa de vecindad con Níger. A diferencia de varias potencias externas, no es percibida como una potencia intervencionista. Además, cuenta con una reconocida experiencia en la gestión de zonas desérticas e infraestructuras energéticas.


El acercamiento entre Argel y Niamey se inscribe, por tanto, en una lógica mutuamente beneficiosa: Níger busca inversiones estructurales, mientras que Argelia procura garantizar la seguridad de un corredor estratégico.


IV. Europa tras la ruptura con Rusia: el nacimiento de una nueva geografía energética


La guerra en Ucrania constituye probablemente el acontecimiento geopolítico que más profundamente ha alterado las perspectivas de ambos proyectos.


Antes de 2022, Rusia suministraba aproximadamente el 40 % del gas consumido por la Unión Europea. Esta dependencia constituía uno de los pilares de la arquitectura energética europea desde el final de la Guerra Fría.


La invasión de Ucrania cuestionó bruscamente este modelo.


Entre 2022 y 2025, la Unión Europea puso en marcha una política de diversificación sin precedentes. El programa REPowerEU tiene como objetivo explícito reducir la dependencia de los hidrocarburos rusos y multiplicar las fuentes de suministro. En esta estrategia, África ocupa un lugar central.


Argelia se convirtió en el segundo proveedor de gas de la Unión Europea, solo por detrás de Noruega en determinados segmentos del mercado mediterráneo. Las exportaciones argelinas hacia Italia aumentaron significativamente desde 2022, reforzando el papel de Roma como plataforma energética europea.


Esta dinámica explica el creciente interés de Italia por el TSGP.


El gobierno italiano desarrolló el Plan Mattei, presentado como una asociación estratégica con África. Detrás del discurso de cooperación existe también un objetivo muy concreto: convertir a Italia en el principal centro energético del sur de Europa.


Para Roma, una conexión entre el gas nigeriano y la red argelina ofrecería una ventaja considerable. A diferencia del proyecto marroquí, podría integrarse relativamente rápido a las infraestructuras existentes.


No obstante, Europa no es un actor homogéneo.


España mantiene estrechos vínculos energéticos con Marruecos, mientras que diversas instituciones europeas consideran el NMGP como una herramienta de desarrollo regional compatible con los objetivos de cooperación euroafricana.


La competencia entre ambos proyectos refleja, por tanto, también divergencias de intereses dentro de la propia Unión Europea.


V. El gas como instrumento de poder: la rivalidad entre Argelia y Marruecos


Para comprender el alcance del duelo entre los dos gasoductos, es necesario situarlo en el contexto más amplio de las relaciones entre Argelia y Marruecos. Desde hace varias décadas, ambos países han desarrollado estrategias competidoras de influencia regional.


El cierre de la frontera terrestre desde 1994, las tensiones en torno al Sáhara Occidental y las divergencias diplomáticas han transformado progresivamente su relación en una rivalidad sistémica.


En este contexto, la energía se ha convertido en una herramienta de proyección de poder.


Para Marruecos, el NMGP representa la culminación de su estrategia africana iniciada a principios de los años 2000. Rabat ha reforzado considerablemente su presencia bancaria, financiera, industrial y diplomática en África Occidental. El gasoducto constituye una extensión natural de esta política. El proyecto permitiría a Marruecos consolidar su papel como plataforma logística, energética y financiera entre Europa y África subsahariana.

Para Argelia, los desafíos son diferentes.


Principal exportador de gas del continente durante varias décadas, Argel ve en el TSGP una oportunidad para preservar su estatus en un escenario energético global en transformación.

La transición energética mundial podría reducir progresivamente la demanda de hidrocarburos a largo plazo. Por ello, asegurar rápidamente nuevos volúmenes de tránsito se convierte en una prioridad estratégica.


Esta competencia no se refiere únicamente a ingresos futuros. También concierne a la capacidad de cada país para definir la arquitectura energética del Norte de África en el siglo XXI.


VI. Escenarios prospectivos para 2040


La evolución de ambos proyectos dependerá de varias variables críticas.


El primer factor es la seguridad.


Una mejora sostenible de la estabilidad en Níger reforzaría considerablemente las perspectivas del TSGP. Por el contrario, un deterioro prolongado de la seguridad podría retrasar el proyecto durante varios años.


El segundo factor es financiero.


Las inversiones requeridas son enormes. Los inversores internacionales deberán elegir entre un proyecto más corto, pero expuesto a riesgos de seguridad, y otro más costoso, pero políticamente más diversificado.


El tercer factor es energético.


La demanda europea podría evolucionar más rápidamente de lo previsto debido a la transición energética. Si el consumo de gas disminuye de forma significativa después de 2035, la rentabilidad de ambos proyectos podría verse afectada.

Por el contrario, una transición más lenta reforzaría su relevancia económica.


Un cuarto escenario merece consideración: el de la coexistencia.


Según las proyecciones de las Naciones Unidas, la población africana superará los 2.500 millones de habitantes hacia 2050. Las necesidades energéticas del continente podrían más que duplicarse durante el mismo período.


Desde esta perspectiva, ambos gasoductos podrían terminar abasteciendo mercados diferentes y convertirse en proyectos complementarios en lugar de competidores.


Conclusión


El duelo entre el Gasoducto Transahariano y el Gasoducto Nigeria-Marruecos constituye uno de los grandes temas geopolíticos africanos de la década. Revela la transformación simultánea de varios espacios estratégicos: el Magreb, el Sahel, África Occidental y la Europa mediterránea.


Argelia dispone actualmente de ventajas significativas en términos de distancia, infraestructuras existentes y rapidez potencial de implementación. Marruecos, por su parte, se beneficia de un enfoque más inclusivo, más orientado hacia la integración regional y la diversificación de riesgos.


En el fondo, la cuestión central quizás no sea cuál proyecto prevalecerá, sino qué visión de la integración africana terminará imponiéndose: la de los grandes corredores continentales que conectan directamente los recursos con los mercados internacionales, o la de las redes regionales multipolares destinadas a estructurar el desarrollo económico africano.


La respuesta a esta cuestión contribuirá a moldear la geografía económica del continente en las próximas décadas. También determinará el lugar de África en el nuevo orden energético mundial que está emergiendo tras la ruptura de los equilibrios heredados de la posguerra fría.


Bibliografía


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  • Voytyuk, O. (2023), New Gas Pipelines as an Element of Geopolitical Competition of Algeria and Morocco in Africa, African Journal of Economics, Politics and Social Studies, 2(1), pp. 21–44.

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  • Reuters (2025), Morocco Issues Expression of Interest for LNG Terminal.

  • IFRI (2023–2025), IFRI Energy Papers.


Marco Alves

Máster en Ciencias Políticas por la Universidad de París Nanterre, en Derecho Internacional y Europeo por la Universidad de Grenoble Alpes y en Relaciones e Internacionales y Negocios por el Instituto de Relaciones Internacionales de París (ILERI). Ha trabajado en 30 países, incluido Brasil, donde trabajó durante 10 años, notablemente para el Gobierno del Estado de Pernambuco como especialista en desarrollo. Trabajó para ONGs en el continente africano como experto en recuperación económica en zonas de posconflicto. Hoy es director de una consultora internacional especializada en ciencias e ingeniería social, con intervenciones en Burkina Faso, Costa de Marfil, Malí y Níger. Corresponsal para Francia y Europa de la emisora de radio CBN Recife. Presidente de la Asamblea del IFSRA (Institute for Social Research in Africa). Emprendedor social, conferenciante y mentor de la organización internacional MakeSense. Consultor en inteligencia estratégica y gestión de riesgos para el sector empresarial.

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