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DE LO SOBRENATURAL A LO HUMANO: LA TRANSFORMACIÓN DEL MIEDO EN EL TERROR CONTEMPORÁNEO

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    CERES
  • hace 2 días
  • 10 min de lectura

Uriel Barroso


Cuando pensamos en terror, es común imaginar casas embrujadas, demonios, criaturas monstruosas y fuerzas sobrenaturales que desafían la comprensión humana. Durante décadas, estas figuras ocuparon una posición central en el imaginario colectivo, representando aquello que era desconocido, inexplicable y, por eso mismo, aterrador. Sin embargo, al observar la producción cinematográfica reciente, se percibe una transformación significativa en la naturaleza del miedo. El terror contemporáneo parece cada vez menos preocupado por los fantasmas y cada vez más interesado en las amenazas producidas por los propios seres humanos.


Esta transición no ocurre por casualidad. El miedo siempre ha sido un reflejo del contexto histórico y social de cada época. En sociedades marcadas por una fuerte influencia religiosa, lo sobrenatural aparecía como explicación para aquello que no podía ser comprendido racionalmente. Demonios, posesiones y maldiciones representaban el temor ante fuerzas invisibles y aparentemente incontrolables. Actualmente, sin embargo, los mayores temores de la sociedad no están relacionados con lo desconocido, sino con problemas extremadamente concretos: violencia, persecución, manipulación psicológica, abuso de poder y la fragilidad de las relaciones humanas.


En este contexto, películas como Obsesión (2025) han explorado con frecuencia personajes que no dependen de ningún elemento sobrenatural para causar inquietud. El peligro no surge de una entidad maligna, sino de individuos comunes, integrados en la vida cotidiana, capaces de cometer actos de extrema violencia o desarrollar comportamentos obsesivos. El malestar provocado por estas narrativas deriva justamente de su proximidad con la realidad. A diferencia de los monstruos clásicos, estas amenazas existen fuera de las pantallas y forman parte de la experiencia social contemporánea.


Más que entretener, el terror actual funciona como un espejo de las ansiedades colectivas. Revela una sociedad que ha pasado a desconfiar menos de lo sobrenatural y más de las personas mismas. En un escenario marcado por la hiperconectividad, la exposición constante en las redes sociales y el aumento de la percepción de la violencia cotidiana, el verdadero horror ya no está en lo que habita en lo desconocido, sino en lo que puede encontrarse dentro de la propia sociedad.


EL TERROR COMO REFLEJO DE LAS INQUIETUDES SOCIALES


La literatura y el cine de terror siempre han estado directamente relacionados con los miedos e inseguridades presentes en cada período histórico. Las brujas presentes en el imaginario de los siglos XVI y XVII, tal como explica muy bien Silvia Federici (2017), no deberían ser entendidas solo como una figura supersticiosa, sino como una alegoría, ya que en realidad representaban la destrucción de un estilo de vida comunitario y la violenta imposición del sistema capitalista sobre el cuerpo y la autonomía de las mujeres. En este sentido, la denominada caza de brujas en el período citado no fue un brote aislado de fanatismo religioso, sino una campaña deliberada y violenta que sirvió a propósitos económicos y sociales muy claros, los cuales incluían elementos como: la privatización de tierras antes comunales, la división sexual del trabajo y la reducción de la autonomía femenina sobre el cuerpo (principalmente a partir de la clasificación como "magia" de los conocimientos tradicionales vinculados a la salud y la reproducción).


A lo largo de los siglos, otras figuras a veces consideradas sobrenaturales ocuparon esa posición de "nuevo mal" de la sociedad, es decir, de algo que debía ser expurgado o impedido, muchas veces solo por presentar una actuación social o un pensamiento crítico respecto a la estructura de poder dominante. Así, observamos el surgimiento de historias sobre figuras que se convirtieron en clásicos del terror: los vampiros. En el siglo XIX surgió y se consolidó en Europa la literatura sobre esta criatura que despertó (y aún despierta) curiosidad y emociones encontradas entre el público de libros, películas y series. El vampiro dio cauce a profundas ansiedades sociales, sexuales y económicas de aquella época, tales como: la represión y la transgresión sexual en un contexto marcado por la rígida moral victoriana, y el recelo del Imperio Británico ante la posibilidad de una "invasión cultural" por parte de pueblos que pudieran frenar su "acción civilizatoria".


Más que simple entretenimiento, el género del terror funciona como un mecanismo de representación simbólica de las angustias colectivas, transformando en narrativas ficcionales aquello que determinada sociedad percibe como amenaza. En este sentido, los monstruos no deben ser comprendidos únicamente como figuras fantásticas, sino como manifestaciones culturales de temores socialmente construidos.


Según Freud (1919), en su concepto de "lo ominoso" o "lo siniestro" (Das Unheimliche), el horror surge cuando algo simultáneamente familiar y desconocido rompe la normalidad de la experiencia cotidiana. El miedo, por lo tanto, no está ligado necesariamente a lo sobrenatural, sino a la sensación de que aquello que parecía seguro puede volverse amenazante. Tal perspectiva contribuye a comprender por qué las narrativas de terror se transforman a lo largo del tiempo, acompañando los cambios sociales y culturales.


Durante siglos, las producciones del género exploraron figuras asociadas a lo sobrenatural, como fantasmas, demonios y maldiciones. Estas representaciones reflejaban sociedades profundamente influenciadas por la religión y por la creencia en fuerzas trascendentes capaces de interferir directamente en la vida humana. Como observa Carroll (1990), los monstruos del horror suelen incorporar lo que una cultura considera anormal, impuro o amenazante, funcionando como símbolos de los recelos predominantes en determinado contexto histórico.


Sin embargo, la modernidad trajo transformaciones significativas en la percepción social del miedo. El avance científico redujo parte de las explicaciones sobrenaturales para fenómenos anteriormente considerados misteriosos, al mismo tiempo que nuevas formas de inseguridad pasaron a ocupar una posición central en la vida cotidiana. Cuestiones relacionadas con la violencia, el aislamiento social, la fragilidad de los vínculos humanos y la inestabilidad de las instituciones pasaron a constituir fuentes concretas de ansiedad colectiva.


De este modo, el terror contemporáneo demuestra que los miedos de una sociedad no desaparecen, sino que se reconfiguran. Los monstruos cambian porque los contextos históricos cambian. Si en otros períodos lo desconocido sobrenatural representaba la principal amenaza, actualmente el horror encuentra inspiración en problemas reales, revelando una creciente preocupación por los riesgos producidos por la propia organización social.


LA CRISIS DE LAS INSTITUCIONES Y LA SOLEDAD DEL INDIVIDUO CONTEMPORÁNEO


Las transformaciones observadas en el terror contemporáneo pueden comprenderse a partir de los cambios ocurridos en la propia organización de la vida social. Si durante largos períodos las instituciones tradicionales, como la familia, la religión, la comunidad y el Estado, desempeñaron un papel fundamental en la construcción de seguridad y pertenencia, la contemporaneidad está marcada por un creciente sentimiento de incertidumbre respecto a la capacidad de estas estructuras para proteger a los individuos frente a los riesgos sociales.


Para Bauman (2001), la llamada "modernidad líquida" se caracteriza por la fragilidad de los vínculos humanos y por la constante inestabilidad de las relaciones sociales. A diferencia de las sociedades anteriores, en las cuales las identidades y los lazos comunitarios presentaban una mayor permanencia, la vida contemporánea está marcada por la volatilidad de las conexiones, la individualización y la inseguridad. En este contexto, los individuos pasan a experimentar un sentimiento permanente de vulnerabilidad, toda vez que las estructuras tradicionalmente asociadas a la protección colectiva se vuelven cada vez menos estables.


De manera semejante, Beck (2011) argumenta que la sociedad contemporánea pasó a organizarse en torno a la gestión de riesgos producidos por la propia modernidad. Los peligros ya no están vinculados necesariamente a amenazas externas o sobrenaturales, sino a las consecuencias de las acciones humanas, de las transformaciones tecnológicas y de las complejas relaciones sociales que caracterizan al mundo globalizado. El miedo deja de estar asociado a lo desconocido y comienza a emerger de amenazas concretas presentes en lo cotidiano.


Esta percepción también puede observarse en el análisis de Giddens (1991), para quien la modernidad promueve una reconfiguración de los sistemas de confianza. A medida que las instituciones enfrentan crisis de legitimidad y credibilidad, crece la sensación de inseguridad ante situaciones que anteriormente habrían sido mediadas por estructuras consideradas confiables. El individuo contemporáneo se encuentra cada vez más responsable de su propia protección en un escenario marcado por la imprevisibilidad.


En este contexto, el terror contemporáneo abandona progresivamente la figura del monstruo sobrenatural como principal fuente de horror. En su lugar, surgen narrativas centradas en persecuciones, manipulación psicológica, violencia interpersonal y comportamientos obsesivos. El miedo deriva de la percepción de que el peligro puede surgir de personas comunes, integradas en el día a día; es decir, el agresor no habita en una dimensión sobrenatural, sino que frecuenta los mismos espacios sociales (trabajo, escuela, gimnasio), establece relaciones afectivas y comparte la apariencia de la normalidad.


Tal cambio revela una transformación significativa en la construcción cultural del miedo. El terror pasa a concentrarse y a problematizar las fragilidades producidas por la propia sociedad en su interior. Aquí se observa la percepción de que la violencia, la manipulación y el abandono pueden ocurrir incluso en ambientes anteriormente considerados seguros, reflejando una crisis de confianza no solo en las instituciones, sino también en las propias relaciones humanas.


EL SER HUMANO COMO NUEVO MONSTRUO: OBSESIÓN, VIOLENCIA Y VULNERABILIDADE EN EL TERROR CONTEMPORÁNEO


La crisis de confianza en las instituciones y el aumento de la percepción de los riesgos sociales produjeron impactos significativos en la construcción de las narrativas de terror contemporáneas. Esta transformación puede comprenderse a partir de la concepción de que el miedo es un fenómeno socialmente construido. Como afirma Bauman (2008), las sociedades contemporáneas están marcadas por un estado permanente de inseguridad, en el cual los individuos conviven a diario con la percepción de riesgos difíciles de prever o controlar. En este escenario, la figura del agresor humano se vuelve particularmente perturbadora, pues rompe la expectativa de seguridad asociada a los vínculos sociales cotidianos, ya sea en relaciones de amistad o románticas.


La obsesión surge, en este contexto, como una de las representaciones más significativas del miedo contemporáneo. A diferencia de los monstruos clásicos, cuya amenaza generalmente era identificable y delimitada, el individuo obsesivo opera dentro de las propias relaciones sociales y afectivas. Su peligro reside justamente en la proximidad. La violencia deja de ser una fuerza externa que invade la vida de los personajes y pasa a desarrollarse en el interior de relaciones construidas sobre la confianza, el afecto y la intimidad.


Este cambio puede ser interpretado a la luz del concepto freudiano de lo ominoso (unheimlich). Para Freud (1919), el horror se manifiesta cuando algo familiar se vuelve inquietante, produciendo una sensación de malestar ante aquello que debería ser conocido y seguro. El individuo obsesivo representa precisamente esa ruptura: alguien inicialmente percibido como común se transforma en una fuente de amenaza. El miedo no surge de la diferencia, sino de la familiaridad.


Además, la centralidad de la obsesión en las narrativas contemporáneas dialoga con características específicas de la sociedad digital. Las redes sociales ampliaron significativamente la exposición de la vida privada, redujeron barreras entre individuos y facilitaron prácticas de vigilancia, monitoreo y persecución. La posibilidad de seguir rutinas, localizar personas y acceder a información personal contribuye a la construcción de nuevas formas de ansiedad social. En este contexto, el terror encuentra un terreno fértil para explorar el miedo a la invasión de la intimidad y a la pérdida de control sobre la propia vida.


Temas como la violencia de género, la persecución, el acoso, la manipulación emocional y las relaciones abusivas pasaron a ocupar un espacio central en las discusiones públicas, convirtiéndose en fuentes concretas de inquietud colectiva. De esta forma, el terror contemporáneo revela un cambio profundo en la manera en que la sociedad comprende el peligro. El miedo ya no está concentrado en lo desconocido o en lo inexplicable, sino en aquello que puede encontrarse en las relaciones más comunes de la vida diaria; el verdadero monstruo no habita en castillos abandonados o dimensiones sobrenaturales, sino que surge de la capacidad humana de controlar, manipular, perseguir y violentar al otro. Al sustituir criaturas fantásticas por amenazas humanas, el terror contemporáneo no solo acompaña las transformaciones sociales, sino que expone las fragilidades e inseguridades que caracterizan la experiencia de la vida moderna.


CONSIDERACIONES FINALES


El análisis del terror contemporáneo demuestra que las transformaciones observadas en el género no pueden comprenderse únicamente como cambios estéticos o narrativas. Reflejan alteraciones profundas en la forma en que la sociedad percibe el peligro, la seguridad y las relaciones humanas. Como se ha discutido a lo largo de este trabajo, el terror siempre ha funcionado como un espejo de las inquietudes colectivas, adaptando sus monstruos a las ansiedades predominantes de cada período histórico.


Si en otros momentos lo sobrenatural ocupaba una posición central en la construcción del miedo, la contemporaneidad está marcada por la creciente preocupación ante amenazas producidas por los propios individuos y por las fragilidades de las instituciones sociales. Las contribuciones de Freud (1919), Bauman (2001), Giddens (1991) y Beck (2011) permiten comprender que el miedo actual está menos asociado a lo desconocido y más relacionado con la vulnerabilidad, la inseguridad y la inestabilidad de las relaciones humanas.


En este contexto, la película Obsesión (2025) se revela como un ejemplo significativo de las transformaciones recientes del género. La obra no depende de la presencia de entidades sobrenaturales, maldiciones o fuerzas inexplicables para construir su atmósfera de horror. El malestar del espectador surge justamente de la posibilidad de reconocer en la narrativa comportamientos que existen fuera de la ficción. La obsesión, la invasión de la intimidad, el control sobre el otro y la incapacidad de interrumpir ciclos de violencia psicológica constituyen elementos que encuentran paralelos concretos en la realidad social contemporánea.


Bajo esta perspectiva, la película evidencia aquello que Freud (1919) definió como lo ominoso o siniestro (unheimlich): el miedo producido cuando algo aparentemente familiar se vuelve amenazante. El horror no está en lo desconocido, sino en la transformación de las relaciones cotidianas en espacios de inseguridad. De la misma forma, la narrativa dialoga con la percepción de Bauman (2001) acerca de la fragilidad de los vínculos humanos en la modernidad líquida, en la que relaciones marcadas por la inestabilidad pueden convertirse en fuentes de ansiedad y sufrimiento.


Más que presentar una historia de terror, Obsesión simboliza un cambio más amplio en la construcción cultural del miedo. La película demuestra que los monstruos contemporáneos no necesitan habitar mundos sobrenaturales para provocar inquietud. Surgen de las propias relaciones humanas, de las estructuras sociales fragilizadas y de la percepción de que la violencia puede estar presente en los espacios considerados más seguros.


Se concluye, por lo tanto, que el terror contemporáneo representa una herramienta importante de interpretación de la sociedad actual. Al sustituir progresivamente el miedo a lo sobrenatural por el miedo a la acción humana, el género revela no solo nuevas formas de horror, sino también las tensiones, inseguridades y crisis de confianza que caracterizan al mundo contemporáneo. En este sentido, obras como Obsesión demuestran que el verdadero terror del siglo XXI no está en lo imposible, sino en aquello que es perfectamente posible.


REFERENCIAS

BAUMAN, Zygmunt. Modernidade líquida. Tradução de Plínio Dentzien. Rio de Janeiro: Zahar, 2001.

BAUMAN, Zygmunt. Medo líquido. Tradução de Carlos Alberto Medeiros. Rio de Janeiro: Zahar, 2008.

BECK, Ulrich. Sociedade de risco: rumo a uma outra modernidade. 2. ed. São Paulo: Editora 34, 2011.

CARROLL, Noël. The Philosophy of Horror: Or, Paradoxes of the Heart. New York: Routledge, 1990.

FEDERICI, Silvia. Calibã e a bruxa: mulheres, corpo e acumulação primitiva. Rio de Janeiro: Editora Elefante, 2017.

FREUD, Sigmund. O estranho (Das Unheimliche). In: FREUD, Sigmund. Obras completas. Rio de Janeiro: Imago, 1996. v. XVII.

GIDDENS, Anthony. As consequências da modernidade. São Paulo: Editora UNESP, 1991.

HAN, Byung-Chul. Sociedade do cansaço. Petrópolis: Vozes, 2015.

OBSESSÃO. Direção: Curry Barker. Estados Unidos: Focus Features; Universal Pictures, 2025. Filme.


Uriel Barroso

Especialista en Relaciones Internacionales, con formación jurídica en curso y experiencia académica internacional en Francia. Trabaja en la intersección entre cultura, comercio y diplomacia, con enfoque en estrategias multilingües y negociaciones interculturales. Ha desarrollado proyectos orientados a la mediación, el arbitraje, el medio ambiente y la acogida académica, además de impartir clases particulares con énfasis en métodos inmersivos y personalizados. Cuenta con experiencia en análisis geopolítico, traducción técnica y creación de contenidos académicos, así como dominio de herramientas digitales y organización de equipos. Ha colaborado con instituciones en entornos multiculturales de América del Sur y Europa, conectando teoría y práctica con una visión crítica e interdisciplinaria. Participó en acciones académicas y sociales orientadas a la inclusión, la educación y el desarrollo sostenible. Combina habilidades técnicas y humanas con excelencia comunicativa y pensamiento estratégico.


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