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La Democracia Está Muriendo. Aún No Nos Hemos Dado Cuenta

  • Foto del escritor: CERES
    CERES
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura

Wesley Sá Teles Guerra


La democracia no morirá a manos de un general, ni será enterrada por un golpe de Estado clásico. No habrá tanques en las calles, ni el cierre abrupto de los parlamentos, ni la suspensión inmediata de las constituciones. La democracia del siglo XXI muere de forma mucho más sutil, más sofisticada y, por eso mismo, más peligrosa: muere a manos de los propios ciudadanos, convencidos de que la están defendiendo.

Vivimos en un mundo profundamente polarizado. Un mundo donde la verdad ha dejado de importar, donde las fake news se han convertido en instrumentos de poder y, en muchos casos, en verdaderas herramientas de Estado. Un mundo donde la acusación precede a la prueba, donde la condena antecede al juicio y donde la emoción vale más que cualquier evidencia.

Mientras tanto, las grandes potencias han vuelto a disputar lo que llaman "áreas de interés", una expresión elegante para ocultar una realidad antigua: la disputa por el control de los recursos naturales, los mercados y las zonas de influencia. El colonialismo solo ha cambiado de lenguaje. Un neocolonialismo revestido de un mensaje mesiánico y eufemístico. Pero sigue significando que los países más fuertes deciden cuáles son los recursos de los más débiles.

No importa si el discurso viene de la izquierda o de la derecha. La fórmula se repite casi mecánicamente.

Primero se apropian de los símbolos nacionales. La bandera deja de representar a todos los ciudadanos y pasa a representar solo a un grupo político. El himno, las fuerzas armadas, la religión, la selección nacional, la propia idea de patriotismo dejan de ser patrimonio colectivo para convertirse en propiedad ideológica.

Luego llega la división.

Poco a poco se instala una lógica simple, casi infantil, pero extraordinariamente eficaz:

"Nosotros" contra "ellos", donde "Nosotros somos los patriotas", "Nosotros somos los ciudadanos de bien", "Nosotros defendemos la moral", "Nosotros protegemos a la familia", "Nosotros salvaremos a la nación"...

Del otro lado dejan de existir adversarios políticos. Pasan a existir enemigos. Y cuando alguien deja de ser visto como un adversario para ser visto como un enemigo, desaparece cualquier posibilidad de negociación.

El diálogo deja de ser una virtud democrática. Las propias instituciones son cooptadas por esa disonancia cognitiva alimentada por una alienación voluntaria, donde los hechos ya no importan... la oposición pasa a ser considerada una traición.

Es precisamente aquí donde nace el autoritarismo... alimentado de ese odio, pero imbuido por la institucionalización... la normalización del discurso... el uso de la democracia en contra de la democracia...

No cuando se cierra un parlamento.

Sino cuando una sociedad acepta que determinados grupos ya no merecen ser escuchados, cuando un líder dice que no habrá elecciones para impedir el avance de la oposición, o cuando un presidente electo critica el proceso electoral de su propio país para perpetuarse en el poder...

Y tanto la izquierda como la derecha han entrado en ese juego... las redes sociales han permitido acelerar este proceso como nunca antes se había visto... usando subterfugios legales como la "libertad de expresión", la falta de filtros de seguridad o de certificación de la verosimilitud de las noticias ha producido una explosión de fake news y de discursos de odio, así como la normalización de estos, con la subsecuente deshumanización del opositor... llegando a algunos extremos donde su vida no vale nada...

Y esto no está sucediendo en un simple Estado fallido —que también—, sino en la supuesta mayor democracia del planeta...

Cuando Donald Trump desafía tratados internacionales, debilita instituciones multilaterales y transforma la política exterior norteamericana en una sucesión de decisiones unilaterales, amenaza la estabilidad construida tras la Segunda Guerra Mundial.

Aún así, millones siguen convencidos de que están asistiendo al renacimiento de la democracia. El mundo observa casi en silencio, como los súbditos del cuento de Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador”, donde todos fingen ver las magníficas vestiduras del emperador. Nadie se atreve a decir que está desnudo.

La democracia no muere cuando dejan de existir elecciones. Muere cuando los ciudadanos dejan de creer en los hechos y pasan a creer solo en aquello que desean que sea verdad. Muere cuando odiar al otro se vuelve más importante que defender los propios derechos. Muere cuando los trabajadores votan contra los trabajadores, las mujeres contra las mujeres, los inmigrantes contra los inmigrantes, las víctimas del cambio climático contra la propia ciencia. Muere cuando la identidad vale más que la realidad. Y lo más trágico es que, cuando finalmente nos demos cuenta de que el emperador está desnudo, tal vez ya no quede suficiente democracia para decirlo en voz alta.



Wesley Sá Teles Guerra es especialista en internacionalización, cooperación internacional y paradiplomacia, con una sólida formación académica en instituciones de referencia internacional. Es fundador del CERES (Centro de Estudos das Relações Internacionais) en Brasil, y actualmente se desempeña como gestor del Fondo de Cooperación Triangular entre Europa, América Latina y África en la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), con sede en Madrid.

A lo largo de su trayectoria académica y profesional, ha realizado estudios en el Centre de Promoció Econòmica de Barcelona, en Negociaciones Internacionales; en la Fundação Escola de Sociologia e Política de São Paulo (FESPSP), en Relaciones Internacionales y Ciencia Política; en la Universidad de A Coruña (UDC), donde concluyó el Máster en Políticas Sociales y Migraciones; en el Massachusetts Institute of Business, donde obtuvo un MBA en Marketing Internacional; en la Universitat Carlemany, donde concluyó el Máster en Smart Cities; en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), en Gestión de Fondos y Proyectos Europeos; y actualmente es doctorando en Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España.

Es autor de las obras Cadernos de Paradiplomacia, Paradiplomacy Reviews y Manual de Sobrevivência das Relações Internacionais. Participa regularmente en foros internacionales sobre ciudades inteligentes, gobernación global y paradiplomacia, además de haber colaborado como comentarista invitado en CBN Recife. Fue finalista del Premio ABANCA de Investigación Académica e integra redes y plataformas internacionales como CEDEPEM, ECP, Smart Cities Council y REPIT, manteniendo una participación activa en iniciativas internacionales orientadas a la cooperación, la innovación y la gobernanza.

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