El Gobierno Lula y el Regreso de Brasil al Escenario Internacional
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- hace 23 horas
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Uriel Barroso
El retorno de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia de la República en 2023 representó no solo un cambio político interno, sino también un intento de reconstrucción de la inserción internacional brasileña. Tras un período marcado por desgaste diplomático, tensiones ambientales y debilitamiento del multilateralismo brasileño, el nuevo gobierno pasó a defender nuevamente una actuación más activa en los debates internacionales relacionados con el clima, el desarrollo, la gobernanza global y la cooperación Sur-Sur.
Más que recuperar el prestigio externo, la política exterior del tercer mandato de Lula busca reconstruir instrumentos tradicionales de la diplomacia brasileña en un escenario internacional mucho más complejo que el de los años 2000. A diferencia del inicio del siglo XXI, cuando existía mayor margen para el ascenso de potencias emergentes en un contexto relativamente estable de globalización, el sistema internacional actual se caracteriza por la intensificación de la rivalidad entre Estados Unidos y China, el fortalecimiento de la multipolaridad y el aumento de disputas económicas y geopolíticas. En este contexto, Cooper y Flemes (2013) observan que las potencias emergentes han desarrollado estrategias orientadas a ampliar su autonomía e influencia internacional en un orden menos centrado en Occidente.
La política exterior brasileña durante los primeros gobiernos de Lula ya evidenciaba esta lógica. Vigevani y Cepaluni (2007) definen este período a partir del concepto de “autonomía por diversificación”, caracterizado por la ampliación de relaciones diplomáticas y económicas con diferentes socios internacionales como forma de reducir dependencias históricas y aumentar la capacidad de negociación de Brasil. El acercamiento a China, India, Rusia, países africanos y Oriente Medio formaba parte de una estrategia más amplia de fortalecimiento de la presencia internacional brasileña.
Al mismo tiempo, la diplomacia brasileña buscaba consolidar mecanismos de liderazgo regional. Saraiva (2010) destaca que la política exterior de Lula intentó fortalecer instituciones sudamericanas, especialmente el Mercosur y la UNASUR, con el objetivo de ampliar la capacidad de coordinación política regional. Burges (2009), por su parte, interpreta este movimiento como un intento brasileño de ejercer una “hegemonía consensuada”, basada más en la construcción de consensos diplomáticos que en formas tradicionales de imposición de poder.
Aun así, es importante reconocer que el liderazgo regional brasileño nunca ocurrió de manera plenamente estable. Incluso en los años de mayor proyección internacional del país, persistieron resistencias regionales relacionadas con las asimetrías económicas y el temor a la predominancia brasileña en América del Sur. Este punto se vuelve aún más evidente en el escenario contemporáneo, marcado por la fragmentación política regional y la dificultad de reconstruir mecanismos efectivos de integración sudamericana.
Otro elemento central de la política exterior de los gobiernos de Lula fue la proyección de Brasil como potencia de desarrollo. Dauvergne y Farias (2012) argumentan que el país comenzó a utilizar programas de cooperación internacional en áreas como agricultura, salud, energía y combate a la pobreza como instrumentos de ampliación de influencia política internacional. En este contexto, la cooperación Sur-Sur dejó de representar únicamente solidaridad diplomática y pasó a funcionar también como estrategia de inserción global brasileña. Corrêa (2020), al analizar las relaciones entre Brasil y Mozambique, muestra cómo estas iniciativas buscaban combinar desarrollo, diplomacia y fortalecimiento político internacional.
El tercer mandato de Lula retoma parte importante de estas directrices, aunque en un contexto internacional significativamente más competitivo. Guimarães (2025) define la actual política exterior brasileña como una estrategia de “autonomía por reconstrucción”, marcada por el intento simultáneo de reconstruir la imagen internacional del país, recuperar instrumentos diplomáticos debilitados y reafirmar el papel brasileño en los principales foros multilaterales. Faleiro (2025) refuerza esta percepción al afirmar que Lula 3.0 representa una política de reinserción internacional tras años de relativo aislamiento diplomático.
Esta reconstrucción se ha hecho particularmente evidente en la agenda ambiental. La Amazonía volvió al centro de la política exterior brasileña no solo por su importancia ecológica, sino también por el peso geopolítico que la cuestión climática ha adquirido en el comercio, las inversiones y la legitimidad diplomática. Johnson (2001) ya mostraba que Brasil ocupa una posición estratégica en las negociaciones climáticas globales precisamente por albergar una parte significativa de la Amazonía y de los recursos ambientales esenciales para el equilibrio climático mundial.
Sin embargo, en los últimos años, el avance de la deforestación y las críticas internacionales relacionadas con la política ambiental brasileña comprometieron significativamente la credibilidad externa del país. Rajão et al. (2020) muestran cómo parte del agronegocio brasileño comenzó a ser asociado internacionalmente con la deforestación ilegal, afectando directamente la imagen ambiental de Brasil. Macedo (2021) va más allá al afirmar que la Amazonía dejó de ser únicamente una cuestión doméstica para transformarse en un tema de seguridad climática internacional.
Ante este escenario, el gobierno de Lula ha utilizado la agenda ambiental como instrumento de reconstrucción diplomática. La reactivación del Fondo Amazonía, los compromisos relacionados con la lucha contra la deforestación y la preparación de la COP30 muestran un intento de reposicionar a Brasil como líder ambiental global. Sin embargo, existe también una contradicción permanente entre el discurso ambiental brasileño y la dependencia económica de sectores vinculados al agronegocio y a la exportación de commodities. La política exterior brasileña busca equilibrar simultáneamente crecimiento económico, preservación ambiental y presión internacional, una tarea que sigue siendo uno de los principales desafíos del país.
Paralelamente, el fortalecimiento de los BRICS se ha convertido en otro eje importante de la política exterior brasileña contemporánea. El crecimiento del bloque y su reciente expansión han reforzado los debates sobre multipolaridad, reforma de las instituciones internacionales y fortalecimiento del Sur Global. Sawal y Anjum (2023) argumentan que los BRICS representan una de las principales iniciativas orientadas a la construcción de un orden multipolar menos dependiente de las estructuras tradicionales lideradas por Occidente. Asimismo, Olawore et al. (2025) señalan que el fortalecimiento del bloque evidencia un proceso gradual de cuestionamiento de la hegemonía liberal occidental.
No obstante, aunque los BRICS representan un espacio importante de articulación política entre potencias emergentes, el grupo también presenta limitaciones significativas. Las diferencias económicas, políticas y estratégicas entre sus miembros dificultan la construcción de agendas plenamente convergentes. Además, existe una fuerte asimetría de poder dentro del bloque, especialmente en relación con China, cuya influencia económica supera ampliamente a la de los demás integrantes. En este sentido, la participación brasileña en los BRICS representa tanto una oportunidad de ampliación diplomática como un desafío de preservación de autonomía estratégica.
La relación con China ejemplifica bien esta complejidad. Actualmente principal socio comercial de Brasil, China ocupa una posición central en infraestructura, energía, comercio y tecnología. Sin embargo, el profundizamiento de esta asociación también aumenta la dependencia brasileña de la exportación de commodities y refuerza ciertas vulnerabilidades económicas. Steenhagen (2024) observa que la política exterior de Lula 3 busca precisamente equilibrar el acercamiento al Sur Global con el mantenimiento de relaciones pragmáticas con potencias occidentales, sin abandonar la tradición diplomática de autonomía brasileña.
Al mismo tiempo, Brasil busca recuperar su capacidad histórica de actuación multilateral. Amorim (2010) argumenta que la política exterior brasileña durante los gobiernos de Lula se caracterizó por la defensa activa del multilateralismo, la valorización de la diplomacia presidencial y el intento de democratización de las estructuras de gobernanza global. Esta lógica reaparece en el tercer mandato a través de la actuación brasileña en el G20, BRICS, ONU y COP30.
Sin embargo, el retorno de Brasil al escenario internacional no ocurre en condiciones particularmente favorables. Vieira (2023) señala que el gobierno de Lula enfrenta un mundo más fragmentado, marcado por el crecimiento de nacionalismos, conflictos armados y polarización geopolítica. Además, persisten importantes limitaciones internas, como desigualdades sociales, restricciones económicas e inestabilidad política doméstica, factores que influyen directamente en la capacidad de proyección internacional del país.
De este modo, el retorno de Brasil al escenario internacional durante el gobierno de Lula no representa solo una reanudación simbólica del protagonismo diplomático. Se trata de un intento de reconstrucción estratégica de la inserción internacional brasileña frente a las transformaciones del orden global contemporáneo. Al recuperar agendas vinculadas al multilateralismo, la cooperación Sur-Sur, la agenda climática y la multipolaridad, Brasil busca redefinir su papel internacional en un sistema cada vez más competitivo, inestable y fragmentado.
Bibliografía
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● VIEIRA, Vinícius G. R. “Embedded Nationalism in a Fragmented World: Lula’s Brazil”. The Washington Quarterly, 2023.

Uriel Barroso
Especialista en Relaciones Internacionales, con formación jurídica en curso y experiencia académica internacional en Francia. Actúa en la intersección entre cultura, comercio y diplomacia, con enfoque en estrategias multilingües y negociaciones interculturales. Ha desarrollado proyectos en mediación, arbitraje, medio ambiente y acogida académica, además de impartir clases particulares con énfasis en métodos inmersivos y personalizados. Posee experiencia en análisis geopolítico, traducción técnica y producción de contenidos académicos, así como dominio de herramientas digitales y organización de equipos. Ha colaborado con instituciones en entornos multiculturales en América del Sur y Europa, conectando teoría y práctica con una visión crítica e interdisciplinaria. Participó en iniciativas académicas y sociales orientadas a la inclusión, la educación y el desarrollo sostenible. Une habilidades técnicas y humanas con excelencia comunicativa y pensamiento estratégico.





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