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La revalorización de las operaciones terrestres en el conflicto ruso-ucraniano: desgaste, efectivos y perspectivas para el frente

hace 15 horas
17 min de lectura

Eduardo Correia Leal


Introducción

 

El conflicto ruso-ucraniano atraviesa, en 2026, una fase marcada por la consolidación de una guerra de desgaste, en la cual la capacidad de sostener operaciones militares, reponer efectivos y desgastar los recursos del adversario ha adquirido una importancia creciente. A diferencia de los primeros meses del conflicto, caracterizados por operaciones de mayor movilidad e intentos de conquistar rápidamente importantes centros urbanos, la dinámica actual presenta una mayor fragmentación del campo de batalla, con el empleo intensivo de drones, misiles, artillería y operaciones terrestres de menor escala.

En los últimos meses, la intensificación de las operaciones aéreas ha pasado a desempeñar un papel relevante en esta dinámica. Rusia y Ucrania han ampliado el uso de drones y misiles contra objetivos militares, logísticos y estratégicos, mientras que las infraestructuras energéticas, los puertos y los corredores de abastecimiento han pasado a desempeñar un papel más evidente en la conducción del conflicto. Para Moscú, estos ataques representan un instrumento de desgaste de las capacidades militares y logísticas ucranianas, imponiendo costos al esfuerzo bélico de Kiev y pudiendo crear condiciones más favorables para sus operaciones en el campo de batalla.

Sin embargo, el componente terrestre ruso viene presentando ganancias territoriales limitadas, a pesar de la continuidad de las operaciones ofensivas, especialmente en la región de Donetsk. La concentración de fuerzas en sectores como Pokrovsk, Dobropillya, Kostiantynivka y Lyman demuestra la permanencia de objetivos territoriales relevantes, particularmente en torno al llamado Fortress Belt. En este contexto, la disponibilidad de efectivos se convierte en una variable fundamental para la capacidad rusa de sostener y ampliar sus operaciones terrestres. La búsqueda de nuevos soldados, mediante el reclutamiento interno, combatientes extranjeros y la participación de tropas norcoreanas, puede ampliar las opciones de Moscú ante las actuales limitaciones del frente.

Ante este escenario, este artículo busca analizar la posible intensificación de las operaciones terrestres rusas en el contexto actual del teatro de operaciones del conflicto ruso-ucraniano, considerando su relación con la lógica de la Guerra de Desgaste y con la disponibilidad de efectivos. Se parte de la hipótesis de que el fortalecimiento cuantitativo de las fuerzas rusas puede ampliar su capacidad para ejercer presión sobre sectores considerados prioritarios, como el Fortress Belt, y, simultáneamente, crear posibilidades de intensificación en otros ejes, como la región de Kharkiv. De esta manera, la ampliación de las operaciones terrestres podría no solo buscar ganancias territoriales, sino también contribuir a dispersar las fuerzas ucranianas y ampliar el desgaste de un adversario que enfrenta dificultades para reponer efectivos. El objetivo no es afirmar la inevitabilidad de una nueva gran ofensiva rusa, sino analizar las posibilidades estratégicas que la coyuntura actual puede ofrecer a Moscú en los próximos meses.

 

La intensificación de la Guerra Aérea en los últimos meses

 

En los últimos meses, el conflicto ha experimentado una etapa de operaciones militares más enfocadas en el ámbito aéreo, con ambos lados realizando ataques y bombardeos masivos con misiles balísticos y oleadas de drones contra el otro. Según datos del proyecto Russia Matters, de marzo a julio de 2026, Rusia ha mantenido un número superior a 6.000 ataques con drones por mes, cifra que, desde septiembre de 2022, solo había sido alcanzada en julio de 2025. En relación con el uso de ataques con misiles balísticos, según datos de United24 Media, desde mayo, Rusia ha alcanzado un número superior a 85 misiles balísticos por mes. En julio de 2026, por ejemplo, Rusia alcanzó su mayor número de misiles balísticos lanzados, con un total de 127, superando así la marca de 121 misiles lanzados en febrero. Estas cifras evidencian un aumento cuantitativo en el uso de ataques aéreos en comparación con fases anteriores del conflicto.

Siguiendo las cifras indicadas por United24 Media, el número de misiles balísticos utilizados por Moscú entre mayo y julio de 2026 supera el número total de misiles utilizados durante todo el año 2024, que alcanzó aproximadamente entre 200 y 300 misiles durante ese año, mientras que 86 fueron utilizados en mayo, 96 en junio y 127 en julio de este año. La principal razón de este aumento en los últimos meses se debe al alto nivel de eficiencia que Rusia viene obteniendo con sus misiles balísticos en ataques aéreos. De enero a julio de este año, de acuerdo con los porcentajes del Center For Strategic Studies, considerando todos los misiles utilizados por Rusia, tanto balísticos como de crucero, la interceptación ucraniana se ha mantenido en un porcentaje inferior al 30% de éxito, tasas críticamente bajas para los sistemas antiaéreos, siendo el mes de junio la única excepción, con una tasa de éxito del 32%.

Esta eficiencia se debe principalmente a la fuerte dependencia ucraniana de la obtención de apoyo externo para la adquisición de defensas antiaéreas capaces de interceptar grandes cantidades de misiles balísticos rusos, como los Iskander-M, principal modelo fabricado por Moscú. El sistema de misiles Patriot, fabricado por Estados Unidos, por ejemplo, ha sido una parte central de la defensa antiaérea ucraniana contra proyectiles balísticos en los últimos años, por ser uno de los pocos modelos capaces de interceptar misiles balísticos. Sin embargo, en los últimos meses, el suministro estadounidense a Ucrania ha presentado una gran disminución, lo que, consecuentemente, permitió una mayor eficacia de los misiles balísticos rusos, generando una mayor vulnerabilidad de la defensa aérea ucraniana y posibilitando un mayor margen para los ataques de Moscú.

En este contexto, los ataques aéreos rusos han presentado una gran complejidad, al integrar simultáneamente grandes cantidades de ataques con drones y misiles balísticos. Como consecuencia, el ámbito operacional aéreo viene generando un fuerte valor ofensivo para la campaña militar rusa.

Del lado ucraniano, el uso de ataques con drones también viene demostrando aumentos cuantitativos. En el mes de agosto, por ejemplo, entre los días 17 y 18, según el Ministro de Defensa ruso, aproximadamente 1.600 drones ucranianos fueron interceptados por los sistemas antiaéreos rusos, así como 10 bombas aéreas y dos cohetes del sistema de lanzamiento múltiple HIMARS, de fabricación estadounidense. Otro aspecto destacado que evidencia el aumento del uso de drones por parte de Ucrania se presenta en el crecimiento de su producción interna. En 2025, por ejemplo, el ejército ucraniano estableció el objetivo de producir aproximadamente 4,5 millones de drones, evidenciando la importancia del uso militar de la tecnología. Además, su uso operacional ofensivo también registró aumentos significativos entre 2024 y 2026. A modo de comparación, según el analista Clément Molin, en agosto de 2024, Ucrania lanzó aproximadamente 1.000 ataques con drones contra Rusia. En julio de 2025, esta cifra aumentó hasta alcanzar los 3.000 ataques. Ya en marzo de 2026, aproximadamente 7.000 ataques fueron lanzados por Kiev.

Así, aunque durante todo el conflicto los ataques aéreos han tenido una gran centralidad en las operaciones militares, en los últimos meses se observan aumentos cuantitativos y cualitativos de ambos lados con mayor intensidad, debido al fortalecimiento del valor táctico atribuido a la guerra aérea, principalmente por parte rusa. En un momento del conflicto en el que el avance de las ganancias territoriales de Rusia no viene demostrando aumentos significativos, desde una perspectiva ofensiva, puede entenderse que el sector aéreo ha adquirido una mayor centralidad, al permitir que Rusia cause daños a estructuras estratégicas ucranianas, como redes de energía, puertos y corredores logísticos, dificultando el esfuerzo bélico de Kiev y, al mismo tiempo, ejerciendo presión sobre este.

En consecuencia, la centralidad del poder aéreo para ambos lados, pero especialmente para Rusia, ha aumentado su valor en los últimos meses. Siguiendo una estrategia de Guerra de Desgaste, Moscú viene utilizando ataques aéreos para desgastar los recursos ucranianos, causar daños a la economía y a sectores estratégicos y comprometer corredores logísticos. Mediante oleadas de ataques que combinan misiles y drones, Rusia impone a Kiev un gasto constante de recursos, elevando el costo de su defensa mientras explota su actual vulnerabilidad aérea. En este sentido, además de la destrucción física de objetivos, los ataques también conceden a Rusia la capacidad de imponer costos acumulativos al adversario, como sobre los sistemas de defensa aérea, la infraestructura energética y las redes logísticas. Al mismo tiempo, los ataques contra puntos logísticos, como los puertos de Odesa, Chornomorsk y Pivdenne, en el mar Negro, se han vuelto más frecuentes, permitiendo que Moscú interrumpa parte del flujo comercial de las exportaciones ucranianas por la región y amplíe la presión económica sobre Kiev. De esta manera, el poder aéreo pasa a desempeñar una función central en la estrategia rusa de desgaste, al combinar la degradación de las capacidades militares con la presión sobre el sostenimiento económico y logístico del esfuerzo bélico ucraniano.

 

La Guerra terrestre en los últimos meses

 

Como se ha comentado anteriormente, en los últimos meses, el ámbito operacional terrestre del conflicto por parte rusa ha presentado pocos avances territoriales para Moscú. Según datos del Institute for the Study of War, obtenidos a través de gráficos del proyecto Russia Matters, en los últimos meses, desde enero de 2026, los avances territoriales de la ocupación rusa se han mantenido estáticamente en torno a las 45.000 millas cuadradas (cifra que se mantiene desde octubre de 2025), descendiendo de las iniciales 45.762 de enero a 45.666 en julio.

Desde junio, gran parte del esfuerzo operacional ruso ha tenido como principal foco la región conocida como “Fortress Belt” de Donetsk, que corresponde a la principal y última línea defensiva ucraniana en el Donbass, incorporando grandes centros urbanos como Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Sloviansk. Desde el inicio del conflicto, aunque ha realizado grandes operaciones militares partiendo desde el norte y el oeste hacia Kiev, por ejemplo, el principal esfuerzo de ocupación ruso se ha concentrado en el este ucraniano, especialmente en la región del Donbass y en las áreas costeras alrededor de Crimea, lo que justifica el énfasis en la región.

En el plano operacional, desde la perspectiva militar de las tropas rusas, conseguir romper y conquistar el Fortress Belt significa expandir su control sobre la región del Donbass, asegurando áreas en Donetsk y otras regiones del interior ya conquistadas, al dificultar posibles contraataques e incursiones ucranianas sobre estos territorios. Actualmente, según las estadísticas de Deep State, aproximadamente el 73,54% de la extensión territorial de Donetsk se encuentra bajo ocupación rusa. Por lo tanto, el dominio de las regiones destacadas podría ofrecer un aumento de este porcentaje, de modo que Rusia podría intentar aproximar el porcentaje de su control sobre Donetsk al 99,62% de Luhansk, provincia que, junto con Donetsk, compone la región del Donbass. Además, si tienen éxito en dominar las áreas del Fortress Belt, las tropas rusas pueden establecer nuevos puntos de control, lo que les permitiría ampliar sus opciones de ataque y penetración territorial hacia otros puntos, como el sur de la región de Kharkiv, presionando a Ucrania mientras aumenta sus ganancias territoriales.

La actual presión militar sobre Kostiantynivka y los avances en las áreas de Pokrovsk y Dobropillya evidencian el enfoque operacional ruso sobre Donetsk. Según el ISW, las tropas rusas avanzaron aproximadamente 46 kilómetros cuadrados en el sector operacional de Pokrovsk y casi 35 kilómetros cuadrados en el área de Dobropillya. Estos avances, aunque pequeños, pueden interpretarse como parte de una estrategia para presionar Kostiantynivka, con el objetivo de cortar rutas y forzar una retirada ucraniana. Además, las operaciones militares en Lyman también evidencian el plan operacional ruso de presionar puntos del Fortress Belt mediante posiciones distintas. Rusia viene intensificando los intentos de penetración terrestre en Lyman, así como el despliegue de tropas a su alrededor. Según el ISW, esto puede formar parte de una preparación para una ofensiva más poderosa en la región.

Desde Pokrovsk y Dobropillya, las tropas rusas pueden conseguir presionar Kostiantynivka, que ya enfrenta una fuerte presión militar rusa. Los avances obtenidos en ambas regiones pueden interpretarse como parte del componente táctico sur del plan operacional para dominar el Fortress Belt, mientras que los intentos y operaciones en Lyman, por ejemplo, evidencian el componente norte del plan, debido a su proximidad con Sloviansk y Kramatorsk. Así, las operaciones militares rusas en estos puntos pueden interpretarse como parte de su esfuerzo por “desmontar” y ocupar partes del Fortress Belt.

De este modo, en relación con las ganancias territoriales en los últimos meses, puede analizarse que la campaña terrestre rusa viene enfrentando una fase de culminación, concepto utilizado en el campo de los Estudios Estratégicos para referirse a una situación en la cual las tropas militares comienzan a tener dificultades para obtener mayores ganancias territoriales durante una determinada etapa de una operación militar. Sin embargo, al analizar algunas de las principales concentraciones operacionales y batallas de los últimos meses, especialmente durante el verano, puede concluirse que, aunque las fuerzas rusas no vienen obteniendo grandes aumentos en el territorio ocupado, sus tropas han conseguido ampliar sus esfuerzos en torno a Donetsk, así como ejecutar estrategias que pueden contribuir a un objetivo operacional de aumentar su control en el área, pudiendo, en caso de éxito, contribuir potencialmente a nuevas incursiones militares en otras regiones.

 

Nuevos soldados y una posible intensificación de las operaciones terrestres

 

Ante el contexto del ámbito terrestre y aéreo del teatro de operaciones en los últimos meses, resulta posible analizar que Rusia puede intensificar la realización de operaciones terrestres e incursiones ofensivas, con el objetivo de aumentar su fuerza en puntos de combate en los cuales ya viene demostrando esfuerzos, como en áreas de Donetsk, pero también posiblemente con el objetivo de fortalecer o abrir un nuevo frente de batalla en otra región.

Además del ámbito estratégico, el envío de soldados norcoreanos por parte de Pyongyang, junto con una posible intensificación del proceso de reclutamiento interno y de mercenarios extranjeros por parte de Rusia, puede ser un fuerte indicador de que Moscú podría intensificar sus operaciones terrestres en los próximos meses, así como utilizar estos medios para fortalecer sus fuerzas militares.

Según Zelensky y fuentes de inteligencia ucranianas, aproximadamente 50.000 soldados norcoreanos podrían estar en Rusia hasta noviembre, para desempeñar funciones en las regiones rusas de Kursk, Bryansk y Belgorod, liberando así tropas rusas para actuar en el frente de combate en Ucrania, mientras Rusia mantiene protegidos sus territorios. De esta manera, Rusia puede añadir efectivos a frentes específicos mientras protege sus territorios internos fronterizos con soldados cualificados y profesionalizados de Pyongyang.

En relación con una posible intensificación del proceso de reclutamiento interno, fuentes estatales ucranianas como la Dirección Principal de Inteligencia y el Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania informaron que Moscú debe preparar una movilización de 600.000 soldados adicionales en 2026 y 2027, siendo 300.000 este año y 300.000 durante 2027. Según las fuentes mencionadas, Rusia ha ampliado sus criterios de elegibilidad para el reclutamiento militar, permitiendo ahora una extensión del llamamiento a personas con condenas penales, además de crear un sistema de notificaciones electrónicas que establece restricciones para las personas inscritas en el reclutamiento. Con ello, Rusia puede aumentar su flujo de reclutamiento, posibilitando una ampliación de sus efectivos en una coyuntura en la que el número de bajas en combate se mantiene elevado, principalmente en las llamadas “death zones” de los campos de batalla.

Además, el número de mercenarios extranjeros reclutados por Moscú puede ser un punto destacado de crecimiento en los próximos meses. Desde el inicio del conflicto, según la Defense Intelligence of Ukraine (DIU), aproximadamente 27.000 extranjeros de diversos países del mundo han sido reclutados por Rusia, lo que demuestra el uso de una red internacional de reclutamiento por parte de Moscú. Para este año, según fuentes de la DIU, Rusia planea reclutar aproximadamente 18.500 mercenarios extranjeros para integrarse en sus fuerzas militares. Esta meta demuestra un aumento considerable en relación con los últimos años y representa una forma para que Rusia pueda continuar ampliando su contingente. En los próximos meses, esta meta podría potencialmente aumentar, en caso de que se genere una coyuntura en la cual Moscú necesite reforzar su número de soldados para operaciones específicas sin causar grandes pérdidas a su contingente nacional.

En este sentido, el aumento del número de soldados disponibles para Rusia en los próximos meses debería favorecer una coyuntura operacional en la cual Rusia intensifique las operaciones terrestres en diferentes posiciones del teatro de operaciones. Además, este aumento puede ser beneficioso para Moscú al posiblemente presionar a Kiev a aumentar también su contingente, en un momento en que la escasez de personal viene siendo un desafío para el gobierno de Zelensky. En 2025, por ejemplo, la edad media de los soldados ucranianos se estimaba en aproximadamente 45 años, evidenciando el envejecimiento de una parte significativa de las fuerzas empleadas en el frente y llevando a Kiev a adoptar iniciativas específicas para atraer a combatientes más jóvenes. En agosto de 2026, la situación permanecía crítica, con autoridades ucranianas reconociendo la existencia de una importante escasez de efectivos para sostener sus operaciones militares. En este contexto, las dificultades de reclutamiento y reposición de soldados pueden ampliar los efectos de una estrategia de Guerra de Desgaste, ya que la necesidad de distribuir efectivos limitados entre diferentes sectores del frente reduce la capacidad ucraniana de concentrar fuerzas y responder simultáneamente a múltiples presiones rusas.

 

¿Por qué intensificar las operaciones terrestres?

 

En razón del actual contexto operacional del conflicto y de sus meses anteriores, la intensificación de las operaciones terrestres puede poseer un valor estratégico beneficioso para Moscú. Como se ha mencionado anteriormente, el fortalecimiento de las incursiones en lugares que vienen adquiriendo centralidad en el teatro de operaciones, como el Fortress Belt de Donetsk y las regiones cercanas, puede generar ganancias estratégicas para Rusia, como asegurar la región del Donbass y mejorar las condiciones para posibles incursiones militares en otras regiones. Con ello, con la llegada de nuevos refuerzos, Moscú podría utilizar más y nuevos soldados para intensificar su presión militar en el área, en puntos como Pokrovsk, Dobropillya, Kostiantynivka, Lyman, Sloviansk y Kramatorsk.

Asegurar el Donbass, así como sus posiciones al este, es considerado una prioridad operacional rusa en el conflicto. Con ello, la intensificación de las operaciones terrestres puede ser identificada como el principal medio para la conclusión de este objetivo, que viene siendo el principal centro del teatro de operaciones.

Además, enfocarse en nuevos frentes de batalla, ya sea intensificando uno o comenzando uno nuevo, puede ser beneficioso para una estrategia de desgaste de recursos, derivada de la Guerra de Desgaste promovida por Moscú. Por ejemplo, si decidiera intensificar su campaña militar hacia el norte, en frentes como los ubicados al norte de Sumy y al noreste de Kharkiv, Rusia podría hacer que Ucrania desplazara tropas hacia estos puntos, lo que podría, como consecuencia, debilitar las posiciones defensivas y reducir los ataques de contraofensiva. En agosto, según datos del Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), Kharkiv fue la segunda región ucraniana con el mayor número de combates, solo por detrás de Donetsk. Gran parte del esfuerzo ruso en el área se concentra principalmente en el extremo norte, cerca de la frontera rusa. Según el ISW, el interés ruso reside principalmente en crear una zona tampón próxima a su frontera, que pudiera dificultar los ataques ucranianos contra su territorio, como en dirección a Belgorod. Además, la parte oriental de la región también viene siendo escenario de combates, debido a su posición geográfica cercana al Donbass, lo que la convierte en estratégica para ambos lados, al posibilitar potencialmente operaciones de defensa y ataque entre ellos.

En este contexto, en caso de una intensificación táctica en los frentes de Kharkiv, Rusia podría obligar a Ucrania a realizar una posible redistribución de tropas y un gasto de recursos, lo que podría debilitar sus defensas y contraofensivas en otras regiones, favoreciendo el ataque terrestre ruso en áreas como Donetsk, hacia el Fortress Belt. Al mismo tiempo, Rusia podría asegurar sus objetivos de alejar a las tropas ucranianas de la proximidad de su frontera, evitando ofensivas, mientras también puede intentar aumentar sus ganancias territoriales en Kharkiv, en el norte y al este, que posee una mayor proximidad con la región del Donbass.

Así, una intensificación de las operaciones e incursiones terrestres en la actual coyuntura del conflicto podría ser beneficiosa para Moscú, al ayudar a Rusia a fortalecer su presión militar en áreas consideradas prioritarias desde el punto de vista operacional. Esto ocurriría en una coyuntura del teatro de operaciones en la cual estrategias derivadas de la Guerra de Desgaste vienen siendo adoptadas por las fuerzas rusas para desgastar el esfuerzo bélico ucraniano, que, además de los suministros tecnológicos, también viene enfrentando una escasez de soldados para el frente.

Por lo tanto, en una etapa operacional del conflicto en la cual Moscú viene intentando debilitar las capacidades defensivas ucranianas, y en la que las ganancias territoriales resultantes de las operaciones terrestres no vienen presentando crecimiento, mediante el fortalecimiento cuantitativo de sus fuerzas, la intensificación de las operaciones terrestres en frentes estratégicos podría ser beneficiosa para Rusia, al mejorar sus posibilidades de obtener éxito en sus objetivos estratégicos, como el control del Donbass.

 

Conclusión

 

Ante la coyuntura presentada, se observa que el conflicto ruso-ucraniano atraviesa una fase en la cual la dimensión aérea ha adquirido un elevado valor operacional, especialmente como instrumento de desgaste de las capacidades militares, logísticas y económicas ucranianas. El aumento del uso de drones y misiles, combinado con los ataques contra infraestructuras estratégicas y corredores logísticos, permitió a Rusia ampliar la presión sobre el esfuerzo bélico de Kiev incluso ante la limitada evolución de sus ganancias territoriales. Sin embargo, la mayor centralidad de los medios aéreos no significa la pérdida de relevancia de las operaciones terrestres. Por el contrario, la dificultad de transformar el desgaste producido por los ataques aéreos en conquistas territoriales sostenibles mantiene el poder terrestre como elemento indispensable para la consecución de los objetivos estratégicos rusos.

En este sentido, la dinámica actual del frente terrestre, especialmente en el Donbass, demuestra una posible revalorización de las operaciones terrestres rusas. La concentración de esfuerzos sobre el Fortress Belt, acompañada de las operaciones en sectores como Pokrovsk, Dobropillya, Kostiantynivka y Lyman, indica el mantenimiento de la búsqueda de ganancias territoriales y del debilitamiento de las principales líneas defensivas ucranianas. Aunque los avances registrados permanecen limitados, la continuidad de la presión en estos sectores puede crear condiciones para futuras operaciones de mayor intensidad. Así, ante la actual fase del conflicto, el poder aéreo puede contribuir a crear condiciones más favorables para la actuación de las fuerzas terrestres.

La capacidad de llevar a cabo esta intensificación, sin embargo, permanece condicionada por la disponibilidad de efectivos. La búsqueda rusa de ampliar su contingente mediante el reclutamiento interno, de combatientes extranjeros y de la participación norcoreana demuestra la creciente importancia de la generación de fuerza para la continuidad de sus operaciones. La disponibilidad de nuevos soldados podría permitir a Moscú mantener una mayor presión sobre sectores ya prioritarios y, simultáneamente, considerar la intensificación de ejes secundarios. En este escenario, la participación norcoreana adquiere relevancia no solo por el número de militares involucrados, sino por la posibilidad de liberar efectivos rusos empleados en la protección de áreas fronterizas y en otras funciones, ampliando el margen de maniobra de Moscú para su campaña en Ucrania.

Esta posibilidad también se relaciona directamente con la lógica de la Guerra de Desgaste. La eventual intensificación de operaciones en regiones como Kharkiv podría poseer valor estratégico incluso sin resultar inmediatamente en grandes conquistas territoriales. Al obligar a Ucrania a distribuir tropas, reservas, sistemas de defensa y recursos entre diferentes sectores, Moscú podría dificultar la concentración de fuerzas en los principales ejes del Donbass. De esta manera, la apertura o intensificación de nuevos ejes no tendría necesariamente como finalidad principal la conquista territorial, pudiendo también funcionar como instrumento de dispersión de las fuerzas ucranianas, ampliando el desgaste sobre una Ucrania que enfrenta dificultades para reponer efectivos.

Por lo tanto, la coyuntura analizada sugiere una evolución de la guerra terrestre rusa en los próximos meses, en la cual Rusia demuestra querer aumentar su capacidad de generar y sostener fuerzas suficientes para explotar las vulnerabilidades ucranianas. La ampliación del contingente ruso puede crear oportunidades para intensificar las operaciones en el Fortress Belt o ejercer presión simultánea en otros sectores. De esta manera, no se puede afirmar que una nueva fase de grandes ofensivas terrestres sea inevitable, pero existen elementos que permiten considerar su intensificación como una posibilidad estratégica relevante para el lado ruso.

 

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Eduardo Correia Leal Maranhão


Estudiante de grado en Relaciones Internacionales en la Universidade La Salle (RJ), con interés en política exterior, geopolítica y seguridad internacional. Se desempeña como investigador de la región de Europa en el Núcleo de Evaluación de la Coyuntura (NAC) de la Escuela de Guerra Naval y realizó una pasantía voluntaria en el Centro Conjunto de Operaciones de Paz de Brasil, con apoyo a los entrenamientos de peacekeepers de la ONU. Realizó el curso de extensión en Seguridad Internacional y Defensa, ofrecido por la Escuela Superior de Guerra (ESG), en la línea de investigación 1: Seguridad Internacional y Geopolítica. Participa en un proyecto de extensión enfocado en la elaboración de agendas de paradiplomacia para el estado de Río de Janeiro. Fue medallista de bronce en la Olimpiada Brasileña de Geopolítica, promovida por Seleta Educação, y obtuvo un desempeño de alto rendimiento en la Odisea Brasileña de Diplomacia y Relaciones Internacionales, promovida por el Grupo Ubique Júnior.


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