Entre Narrativas, Soberanía y Contradicciones: La Guerra que Expone los Límites del Sistema Internacional
- CERES

- hace 2 días
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La actual escalada en Oriente Medio no puede entenderse únicamente como un episodio más de inestabilidad regional. Lo que está en curso revela algo más profundo: una crisis simultánea de legitimidad, coherencia estratégica y credibilidad institucional en el sistema internacional contemporáneo.
A diferencia de conflictos anteriores, en los que las justificaciones políticas tendían a mantener una apariencia de consenso interno, el escenario actual presenta fisuras visibles en el propio núcleo decisorio de las grandes potencias.
La escalada en Oriente Medio revela no solo un conflicto regional, sino una crisis estructural del sistema internacional, marcada por fracturas internas en Estados Unidos, divergencias estratégicas en Europa, contradicciones económicas y el debilitamiento del Derecho Internacional, evidenciando que el poder y los intereses prevalecen sobre las normas y las alianzas tradicionales.
Ruptura interna en Estados Unidos
Uno de los acontecimientos más reveladores fue la dimisión del responsable del contraterrorismo de Estados Unidos, quien dejó el cargo con una declaración contundente: Irán no representaba una amenaza inminente para el país. Más aún, señaló la ausencia de evidencias concretas de actividades nucleares relevantes desde los bombardeos realizados el año anterior.
Informaciones recientes indican que, tras los ataques, los organismos de seguridad estadounidenses intensificaron la vigilancia interna sin identificar, hasta el momento, amenazas concretas o inmediatas vinculadas a Irán, que se encontraba en negociación con la comunidad internacional. Por otro lado, los ataques llevados a cabo por Israel contra la cúpula iraní muestran que la inteligencia israelí estaba plenamente activa.
El resultado es una situación inusual: el discurso oficial de la Casa Blanca comienza a ser cuestionado dentro del propio aparato de seguridad nacional e internacional. Esto representa un cambio significativo. Históricamente, las grandes intervenciones militares de Estados Unidos estuvieron precedidas por un alto grado de alineamiento interno. Hoy, ese consenso parece fragmentado.
Esta fragmentación no solo debilita la narrativa externa, sino que también plantea dudas sobre los propios criterios que fundamentan el uso de la fuerza en el sistema internacional.
Europa: entre alineamiento y autonomía
Si en Estados Unidos la crisis es interna, en Europa se manifiesta en el plano de las alianzas.
La decisión del gobierno español, liderado por Pedro Sánchez, de no autorizar el uso de bases militares estadounidenses en su territorio marca un punto de inflexión relevante. Amparada en el acuerdo bilateral que regula estas instalaciones, España reafirma un principio frecuentemente relativizado en las alianzas occidentales: la soberanía.
Aun así, el país adoptó una postura híbrida al enviar un buque de guerra a la región cercana a Chipre, dejando claro que su actuación se limita al apoyo logístico, sin implicación directa en el conflicto.
Lo más relevante, sin embargo, no es el caso español de forma aislada, sino el efecto político que ha desencadenado. Italia, tradicionalmente alineada con Washington, adoptó una posición similar. Posteriormente, Alemania —principal economía europea— también señaló su no participación directa en la guerra.
Se configura así un nuevo patrón: Europa no rompe con Estados Unidos, pero deja de seguirlo automáticamente.
Este cambio revela una transformación estructural en el comportamiento de las alianzas. La lógica de la obediencia estratégica da paso a una lógica de adhesión condicionada.
El malestar europeo y la crisis del discurso jurídico
Este reposicionamiento europeo vino acompañado de un episodio simbólico de gran impacto: declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sugiriendo que Europa no mantendría plenamente su compromiso con el Derecho Internacional.
La reacción fue inmediata. La necesidad de rectificación demuestra que, a pesar de las presiones estratégicas, la legitimidad normativa sigue teniendo peso político en Europa. Sin embargo, el episodio también plantea una cuestión más inquietante: ¿hasta qué punto el Derecho Internacional sigue siendo un límite efectivo —y no meramente retórico— para la acción de los Estados?
Energía, guerra y contradicciones estratégicas
En el plano económico, las tensiones adquieren una dimensión aún más compleja con el cierre del estrecho de Ormuz, que alteró significativamente los flujos energéticos globales, presionando directamente a las economías europeas.
En este contexto, la decisión de Estados Unidos de flexibilizar el uso del petróleo ruso genera una contradicción evidente. En última instancia, esta medida abre una nueva fuente de recursos para que Rusia pueda reforzar su capacidad de sostener la guerra en suelo europeo (Ucrania).
Mientras Europa ha sostenido durante años los costes económicos y políticos de la guerra en Ucrania —incluyendo sanciones y reconfiguración energética—, Washington adopta medidas que, en la práctica, relativizan ese esfuerzo.
Este episodio expone una realidad a menudo ocultada: los intereses estratégicos dentro del bloque occidental no son plenamente convergentes y, en momentos de crisis, estas divergencias se hacen explícitas.
La ilusión de una guerra corta
A pesar de los discursos políticos que sugieren un desenlace próximo —incluidas declaraciones de Donald Trump—, los indicadores estructurales apuntan en sentido contrario.
El Pentágono ya ha solicitado incrementos significativos en el presupuesto militar, lo que sugiere preparación para un conflicto prolongado. Paralelamente, analistas comienzan a debatir la posibilidad de movilización de tropas, lo que supondría una escalada cualitativa de la guerra.
Además, incluso tras la eliminación de una parte significativa del liderazgo iraní, el país demuestra capacidad de respuesta y adaptación. A diferencia de otros contextos, como el venezolano, el sistema político iraní no presenta señales de colapso inmediato.
Este punto es central: Estados Unidos parece haber subestimado las particularidades del modelo iraní, aplicando analogías inadecuadas a una realidad profundamente distinta, en la que la religión y la cultura atraviesan todo el sistema político.
Expansión potencial y reconfiguración estratégica
Otro elemento que comienza a emerger —aunque aún en el terreno de la especulación— es la posibilidad de ampliar la presión estadounidense hacia otros escenarios geopolíticos, como Cuba.
De confirmarse, esta tendencia indicaría que el conflicto actual no es un episodio aislado, sino parte de una reconfiguración más amplia de la estrategia global de Estados Unidos.
En este sentido, la guerra en Oriente Medio podría ser solo el primer escenario de una dinámica más extensa.
Conclusión: un sistema en transformación
El conjunto de estos factores apunta a una conclusión inevitable: no estamos ante una guerra más, sino ante una transformación estructural del sistema internacional.
El consenso interno en las grandes potencias está debilitado
Las alianzas se vuelven condicionadas
El Derecho Internacional pierde previsibilidad
Las estrategias económicas revelan contradicciones profundas
La soberanía estatal sigue siendo central, pero ya no opera de la misma manera. La interdependencia global amplifica los efectos de los conflictos, mientras que la capacidad de las instituciones internacionales para regularlos se muestra cada vez más limitada.
Más que un conflicto regional, lo que se observa es un sistema internacional bajo presión, donde normas, poder e intereses dejan de converger de forma estable.
Y quizá ese sea el punto más crítico: el mundo no solo está en guerra, está en redefinición.

Wesley Sá Teles Guerra es especialista en cooperación internacional y paradiplomacia, con una sólida formación en instituciones de referencia internacional. Es fundador del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales (CERES), en Brasil, y actualmente se desempeña como gestor del Fondo de Cooperación Triangular entre Europa, América Latina y África en la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), con sede en Madrid.
A lo largo de su trayectoria, ha realizado estudios en instituciones como el CPE de Barcelona (Negociaciones Internacionales), la FESPSP (Relaciones Internacionales y Ciencia Política), la Universidad de A Coruña – UDC (Máster en Políticas Sociales y Migraciones), el MIB de Massachusetts (MBA en Marketing Internacional), la Universidad de Andorra (Máster en Smart Cities), y es doctorando en Sociología por la UNED (España).
Es autor de Cadernos de Paradiplomacia, Paradiplomacy Reviews y Manual de supervivencia de las Relaciones Internacionales. Participa regularmente en foros internacionales sobre ciudades inteligentes, gobernanza global y paradiplomacia, y es también comentarista invitado en la emisora CBN Recife. Finalista del Premio ABANCA de investigación académica. Además, forma parte de redes y plataformas como CEDEPEM, ECP, Smart Cities Council y REPIT, con activa participación internacional.





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