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Rivalidad saudí-emiratí: una fractura estratégica en el corazón del campo occidental

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    CERES
  • hace 7 horas
  • 9 Min. de lectura

Nota: Este artículo fue concebido antes del inicio de los ataques contra Irán


Introducción


Mientras la atención internacional permanece centrada en los conflictos abiertos de Oriente Medio —especialmente la guerra en Gaza, las tensiones entre Israel e Irán y la persistente inestabilidad en el Levante— una transformación estructural más silenciosa está en curso en el sistema regional: el surgimiento de una rivalidad estratégica entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.


Durante décadas, ambos países fueron percibidos como pilares complementarios del bloque suní prooccidental en el Golfo. Sin embargo, en los últimos años esta relación ha evolucionado gradualmente de una alianza estratégica hacia una competencia geopolítica discreta pero creciente, centrada en el control de rutas comerciales, puertos estratégicos y zonas de influencia política en Oriente Medio y el Cuerno de África.


Esta rivalidad no adopta la forma de una confrontación militar directa. En cambio, se manifiesta principalmente a través de guerras por delegación, competencia geoeconómica y estrategias divergentes de proyección de poder, particularmente en Yemen, Sudán y el Cuerno de África.


El fenómeno se inscribe en un contexto geopolítico más amplio caracterizado por tres dinámicas estructurales: la reducción del involucramiento militar directo de Estados Unidos en la región, el desgaste relativo del “eje de resistencia” liderado por Irán y la creciente autonomía estratégica de las potencias del Golfo.


I. Los fundamentos históricos de la asociación saudí-emiratí


Una convergencia moldeada por la Revolución iraní


La cooperación estratégica entre Riad y Abu Dabi se consolidó en el contexto de la profunda transformación regional desencadenada por la Revolución iraní. La emergencia de un régimen revolucionario chií en Teherán fue percibida por las monarquías del Golfo como una amenaza existencial para la estabilidad política de la región.


En respuesta, seis Estados árabes de la península arábiga crearon en 1981 el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), un mecanismo de coordinación política, económica y de seguridad respaldado por Estados Unidos.


El objetivo principal era doble:

  • Garantizar la supervivencia de los regímenes monárquicos

  • Coordinar la defensa colectiva frente a la amenaza iraní


Desde entonces, la cooperación militar y política entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en uno de los pilares de la arquitectura de seguridad del Golfo.


Convergencia estratégica entre MBS y MBZ


El acercamiento entre ambos países se reforzó durante la década de 2010 gracias a la relación personal entre el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman y el presidente emiratí Mohammed bin Zayed Al Nahyan.


Durante ese período, Abu Dabi desempeñó un papel importante en la promoción de un modelo político caracterizado por:


  • centralización del poder

  • modernización económica acelerada

  • represión de los movimientos islamistas políticos


Esta convergencia se manifestó claramente en la intervención militar conjunta en Yemen iniciada en 2015 contra el movimiento hutí respaldado por Irán.


En ese momento, Riad y Abu Dabi aparecían como los pilares de una coalición regional respaldada logísticamente por Estados Unidos.


II. Un entorno estratégico profundamente reconfigurado


La reducción del compromiso militar estadounidense

Desde finales de la década de 2000, la política exterior de Estados Unidos ha mostrado una tendencia creciente a reducir su implicación militar directa en Oriente Medio.


Esta evolución se hizo evidente durante las administraciones de Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden.


La prioridad estratégica de Washington se desplazó gradualmente hacia la competencia sistémica con China, lo que llevó a una creciente delegación de las responsabilidades de seguridad regional a los socios locales.


Este movimiento produjo un efecto paradójico: al mismo tiempo que aumenta la autonomía estratégica de las potencias regionales, también intensifica la competencia entre ellas.


El desgaste del “eje de resistencia”


Paralelamente, el llamado “eje de resistencia” liderado por Irán —que incluye actores como Hezbolá, Hamás y el régimen de Bashar al-Assad— ha experimentado un desgaste significativo durante la última década.


La guerra civil siria devastó el Estado sirio, mientras que las organizaciones militantes aliadas de Teherán sufrieron importantes pérdidas militares y enfrentan crecientes presiones económicas y políticas.


Aunque el eje sigue siendo relevante, su debilitamiento relativo ha creado un vacío estratégico regional, incentivando a las potencias del Golfo a expandir sus propias zonas de influencia.


III. De la cooperación a la competencia estratégica


Dos visiones divergentes del liderazgo regional


La transformación de la relación saudí-emiratí se deriva en gran medida de diferencias estructurales entre ambos países.


Arabia Saudita, potencia demográfica y religiosa central del mundo suní, prioriza una estrategia de estabilización regional destinada a crear condiciones favorables para la implementación de su ambicioso programa de transformación económica, Visión 2030.


Los Emiratos Árabes Unidos, en cambio, han desarrollado una estrategia distinta basada en la proyección de poder geoeconómico. Abu Dabi busca consolidar una red de infraestructuras portuarias, zonas logísticas y bases militares a lo largo de las principales rutas marítimas que conectan el océano Índico con el Mediterráneo.


Esta estrategia es descrita con frecuencia por los analistas como una forma de talasocracia logística.


Yemen como laboratorio de rivalidad


Esta divergencia se volvió particularmente visible en el conflicto de Yemen.

Mientras Riad apoya al Consejo de Liderazgo Presidencial que representa al gobierno internacionalmente reconocido, Abu Dabi proporciona apoyo político y militar al Movimiento del Sur, una fuerza separatista que pretende restaurar la antigua República Democrática Popular de Yemen.


El sur del país concentra la mayor parte de las reservas de hidrocarburos y controla el acceso estratégico al golfo de Adén y al océano Índico, lo que lo convierte en un punto crucial de la competencia regional.


IV. Puertos, estrechos y rutas marítimas


La estrategia emiratí en el Cuerno de África


La proyección estratégica de los Emiratos también se extiende al Cuerno de África, particularmente a Somalilandia. La empresa portuaria DP World ha desarrollado importantes infraestructuras logísticas en el puerto de Berbera. Este proyecto forma parte de una estrategia más amplia de control indirecto de las rutas marítimas que atraviesan el estrecho de Bab el-Mandeb, por donde transita aproximadamente entre el 10 y el 12 % del comercio marítimo mundial.


En respuesta, Arabia Saudita ha reforzado sus relaciones con el gobierno federal de Somalia, que se opone a cualquier reconocimiento de Somalilandia.


Sudán como escenario de guerra por delegación


La guerra civil en Sudán se ha convertido en otro escenario de competencia indirecta.


A menudo se acusa a los Emiratos de apoyar a las Fuerzas de Apoyo Rápido, mientras que Arabia Saudita mantiene relaciones más estrechas con las Fuerzas Armadas Sudanesas. El país posee aproximadamente 800 kilómetros de costa en el mar Rojo, incluyendo el puerto estratégico de Port Sudan, esencial para el comercio regional y el acceso al interior africano.


V. Implicaciones estratégicas


Fragmentación política regional


La competencia entre Riad y Abu Dabi tiende a favorecer la fragmentación de espacios estatales frágiles, incentivando el fortalecimiento de actores armados locales.

Esta dinámica aumenta los riesgos de resurgimiento de organizaciones yihadistas como Al Qaeda en la Península Arábiga.


Creciente militarización de la región


La incertidumbre sobre el compromiso de seguridad estadounidense y la intensificación de las rivalidades regionales pueden conducir a una nueva carrera armamentística en el Golfo.

En este contexto, la profundización de las relaciones estratégicas entre Arabia Saudita y Pakistán —la única potencia nuclear del mundo musulmán— se interpreta a menudo como un posible mecanismo de disuasión indirecta.


Conclusión

La rivalidad emergente entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos representa una de las transformaciones más significativas del sistema regional de Oriente Medio en la última década.


A medida que el antagonismo tradicional entre Irán y el bloque occidental pierde parte de su centralidad estratégica, surge una nueva competencia intraaliada por el control de puertos, rutas marítimas y zonas de influencia política.


Esta dinámica señala una evolución más amplia del orden regional: la transición de un sistema dominado por rivalidades ideológicas y sectarias hacia uno cada vez más estructurado por lógicas de poder geoeconómico y competencia imperial entre potencias medias.


Las consecuencias humanas y políticas de esta transformación ya son visibles en Yemen, Sudán y el Cuerno de África, regiones donde los equilibrios de poder siguen siendo altamente volátiles.


Una breve mirada al futuro…


Escenarios geopolíticos para 2030

Rivalidad saudí-emiratí y reconfiguración de Oriente Medio


Escenario 1 – Rivalidad controlada y división funcional de la influencia


En este escenario, la competencia entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos sigue siendo real, pero se gestiona de forma pragmática, sin una escalada directa. Ambos países reconocen que una confrontación abierta debilitaría al bloque del Golfo y crearía oportunidades estratégicas para potencias externas.


Arabia Saudita se consolida como potencia continental y política del mundo árabe, centrada en estabilizar el Levante e implementar su estrategia de transformación económica Visión 2030. Los Emiratos, por su parte, profundizan su papel como potencia logística y marítima, expandiendo redes portuarias y zonas de influencia en el mar Rojo, el océano Índico y el Cuerno de África.


En este contexto, escenarios de rivalidad como Yemen o Sudán permanecen fragmentados, pero no evolucionan hacia guerras regionales de mayor escala. El estrecho de Bab el-Mandeb se convierte en un espacio de competencia económica y militar limitada, pero relativamente estable.


Este escenario correspondería a una forma de multipolaridad regional estabilizada, en la que las potencias del Golfo asumen mayor autonomía estratégica mientras Estados Unidos mantiene el papel de árbitro distante.


Probabilidad estimada: media-alta.


Escenario 2 – Escalada de la competencia y fragmentación regional


En este segundo escenario, la rivalidad evoluciona hacia una competencia abierta por zonas de influencia, transformando varios conflictos locales en verdaderas guerras por delegación.

La división entre Riad y Abu Dabi se profundiza especialmente en Yemen, donde el sur separatista apoyado por los Emiratos consolida una entidad política autónoma, mientras el norte permanece bajo influencia saudí e iraní.


En Sudán, la guerra civil se prolonga con apoyo externo a distintas facciones, agravando la fragmentación del Estado. Paralelamente, la competencia portuaria se intensifica a lo largo del mar Rojo y del Cuerno de África, involucrando territorios estratégicos como Somalilandia.


La ausencia de una presencia estabilizadora fuerte de Estados Unidos permite que otras potencias externas amplíen su presencia, particularmente China y Rusia.


El resultado sería una regionalización de las rivalidades globales, con el mar Rojo transformándose en un espacio estratégico disputado por múltiples actores.


Probabilidad estimada: media.


Escenario 3 – Reconvergencia estratégica del Golfo


En este escenario, choques externos llevan a Riad y Abu Dabi a reconstruir una alianza estratégica más sólida.


Una escalada regional que involucre a Irán o una crisis energética global podría llevar a las monarquías del Golfo a reforzar la cooperación militar y política dentro del marco del Consejo de Cooperación del Golfo.


Esta reconvergencia estaría acompañada por una coordinación más estrecha de las políticas de seguridad marítima en el golfo de Adén y el mar Rojo, así como por iniciativas conjuntas de estabilización en Yemen y Sudán.


En este escenario, el Golfo emergería como un polo regional más cohesionado, capaz de actuar colectivamente en cuestiones de seguridad energética, comercio marítimo e inversión internacional.


No obstante, esta reconvergencia probablemente no eliminaría por completo la competencia estructural entre ambos países, que continuaría manifestándose en los ámbitos económico y tecnológico.


Probabilidad estimada: baja-media, pero dependiente de choques geopolíticos externos.


Síntesis estratégica


De aquí a 2030, la rivalidad entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos podría evolucionar en tres direcciones principales: competencia controlada, escalada regional o reconvergencia estratégica.


Entre estos escenarios, el más plausible es una competencia administrada, caracterizada por rivalidad geoeconómica e influencia indirecta en regiones periféricas del sistema de Oriente Medio, especialmente en el mar Rojo y el Cuerno de África.


Esta evolución sugiere que el sistema regional de Oriente Medio se está transformando gradualmente en un espacio multipolar dominado por potencias medias, donde las alianzas son más fluidas y la competencia se estructura cada vez más en torno a rutas comerciales, puertos estratégicos e inversiones logísticas.


Marco Alves

Posee un máster en Ciencias Políticas por la Universidad París Nanterre, un máster en Derecho Internacional y Europeo por la Universidad Grenoble Alpes, y un máster en Relaciones y Negocios Internacionales por el Instituto de Relaciones Internacionales de París (ILERI).

Ha trabajado en 30 países, entre ellos Brasil, donde vivió y trabajó durante 10 años, especialmente para el Gobierno del Estado de Pernambuco como especialista en desarrollo.

También ha trabajado con ONG en el continente africano como especialista en recuperación económica en zonas posconflicto.

Actualmente es director de una consultoría internacional especializada en ciencias sociales e ingeniería social, con intervenciones en Burkina Faso, Costa de Marfil, Mali y Níger.

Se desempeña como corresponsal para Francia y Europa de la radio CBN Recife.

Es también Presidente de la Asamblea del IFSRA (Institute for Social Research in Africa).

Emprendedor social, conferencista y mentor en la organización internacional Make Sense, también trabaja como consultor en inteligencia estratégica y gestión de riesgos para el sector empresarial.


Referencias

F. Gerges, Making the Arab World, Brookings Institution Press, 2018. 

GCC Secretariat, The Charter of the Cooperation Council, 1981. 

B. Rubin, The Middle East and the United States, Oxford University Press, 2017. 

K. Coates Ulrichsen, The Gulf States in International Political Economy, Palgrave, 2016. 

UN Group of Eminent Experts on Yemen, Situation of Human Rights in Yemen, 2020. 

S. Walt, “The End of American Primacy”, Foreign Policy, 2020. 

IISS, The Military Balance, éditions 2023–2024. 

International Crisis Group, The Regional Impact of Iran’s Strategic Setbacks, 2024. 

Saudi Vision 2030 Official Documents. 

M. Young, “UAE’s Port Strategy and Power Projection”, Carnegie Middle East Center, 2022. 

P. Dresch, A History of Modern Yemen, Cambridge University Press. 

Chatham House, Yemen’s Fragmentation and Regional Rivalries, 2024. 

UNCTAD, Review of Maritime Transport, 2023. 

CSIS, The Horn of Africa and Gulf Competition, 2022. 

African Union, Somalia–Somaliland Relations, 2024.

Human Rights Watch, Sudan: Weapons and Foreign Support, 2023. 

World Bank, Sudan Economic Update, 2022. 

RAND Corporation, AQAP and Regional Instability, 2021. 

SIPRI, Nuclear Forces and Regional Deterrence, 2024.

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